martes, 26 de mayo de 2009

La Alpujarra: sus mitos y leyendas

Hace unas semanas un amigo me contaba que muchos años atrás, cuando era un chiquillo y no pasaban ni coches por su pueblo, se reunían los niños y se ponían a buscar los tesoros que dejaron los moros en la Alpujarra, como es lógico ni uno encontraron pero la diversión estaba asegurada.
Este hecho no es único, en la Alpujarra siempre ha habido una leyenda de riquezas ocultas envuelta con una aureola de misterio que ha hecho volar muchas imaginaciones.

En 1833 un escritor aventurero llamado Richard Ford recorrió los paisajes mineros de Berja, en ellos, se hacía referencia a leyendas de tesoros y misterios que se localizaban en una mina del tiempo de los fenicios, la enigmática Cueva de la Sabina.

En 1837 el botánico D. Boissier escribe : “Otra vez el encargado de la mina de Berja, a la vuelta de una excursión que venía de hacer, me contaba mitad risueño, mitad avergonzado que me había seguido de lejos, espiándome todo el tiempo porque había visto dirigirme a un lugar, donde según una vieja tradición, existían metales preciosos pero escondidos en el suelo a gran profundidad. No se adivinaría jamás por qué, según sus bravas gentes, este tesoro fue descubierto nada menos que por el rey Salomón que, en camino para Ophir, apercibida su flota por indicios insignificantes en los flancos de la montaña, desembarcó, y con ayuda de sortilegios por él conocidos, pudo abrir las rocas y volver cargado de riquezas. Se imagina que el secreto de estas palabras mágicas, perdido en el país debe ser transmitido por algún extranjero.”

En Dalías está la Cueva-mina del Sabinal, con muchos pasadizos secretos que conducen a través de un complicado laberinto a un fabuloso tesoro.

En Laujar de Andarax y Fondón existen leyendas que tienen como origen grandes construcciones, unas situadas en las sierras de alrededor y otras en una gran cueva, conocidas todas ellas con el nombre de “sepultura del gigante” por creer que en un tiempo fabuloso residieron allí cíclopes cuya lucha produjo el lanzamiento de grandes piedras en las que quedaron sepultados.

Todas estas leyendas tienen algo en común y es que se sitúan en lugares donde aparecen restos arqueológicos de lejanas civilizaciones.

He dejado para el final la que más me gusta, la que hace ponerme el sombrero de cuero y coger el látigo, la que hace sentirme como Indiana Jones, la leyenda de "la diosa de la riqueza”, recogida en el periódico Adelanto de Berja del 29 de marzo de 1936: “A finales del siglo XIX unos extranjeros intentaron hacer unas excavaciones en la parte de Villa Vieja (antiguo emplazamiento de Berja), con objeto de buscar “el Dios de la riqueza”, ídolo fenicio de incalculable valor pues se le suponía de oro macizo con los ojos de brillantes y, según contaba la tradición fue enterrado en ese cerro. Esto no se puede aceptar íntegramente, pues siempre existe algo de fantasía en estas cosas, pero lo que sí es un hecho, que no lo podemos poner en duda aunque no existan datos concretos que lo confirmen, es la ocupación de Berja por los fenicios durante un periodo de tiempo más o menos largo y, que dejó sentir sobre sus primitivos habitantes una influencia de su cultura superior…”

Cuentos que al pasar de boca en boca los han convertido en leyendas y cada lengua engrandeciola aún más.

Saludos.
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1 comentario:

Rafael Bailón-Moreno dijo...

El paradigma de viejas leyendas, donde intervienen moros encantadores, princesas y tesoros, es el caso de la Alhambra. Estas leyendas están recogidas en el libro de Washington Irving "Cuentos de la Alhambra".

Se pueden leer en internet en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/90251735431269485732457/index.htm