sábado, 11 de abril de 2020

Un día de cuarentena

Si observamos la Tierra desde el espacio sólo vemos belleza, si miramos al Universo nos empequeñecemos ante su enormidad y si nos miramos el ombligo, nos emborrachamos de vanidad.

Los humanos hemos pisado la Luna, mandado naves a los confines del Sistema Solar, construido máquinas impresionantes. Nuestro conocimiento y saber ya no caben en una enciclopedia como antaño, ahora dominamos nuestro mundo, ¿o no?



El Universo


Ahora todos sabemos lo que es un virus y si se llama Coronavirus nos volvemos eruditos, lo que pocos saben es que los virus estaban en “nuestra” tierra antes de la existencia del hombre y de los dinosaurios, y que nos han usado a su antojo durante millones de años.

Lo que está pasando ahora ya sucedió antes, las pandemias vienen y van, las bacterias y virus siempre estarán ahí, esperando su momento. Primero provocan miseria humana y después económica.

“Yo soy uno de esos miles de afortunados que tenemos que ir trabajar (tómese las comillas como a usted le parezca), así que no sé lo que es estar encerrado en casa”, esto le respondía a un cliente el otro día ante sus quejas de tantos días de confinamiento y me dio la idea para escribir este artículo.

Mi jornada comienza a las siete de la mañana, el odioso despertador ya no toca porque hace diez minutos que lo he apagado sin haber emitido su sonoro pitido. Ducha, desayuno, noticias. Al salir a la calle siento que todo ha cambiado, puedo respirar oxígeno a pleno pulmón, no hay movimiento de niños ni padres sólo de perros que llevan a la deriva a sus amos. Al salir de la cochera vuelvo a notar que todo ha cambiado, no hay tráfico, sólo siento el paso de algún coche que en vez de ir a la velocidad de la vía, la triplica como mínimo.

Ahora en quince minutos llego a mi lugar de trabajo, en las rotondas sólo al viento hay que ceder el paso, sin apenas pisar el freno encuentro aparcamiento en la puerta de la farmacia donde trabajo.

A las nueve y media abro el negocio, siempre digo que de ser llamados pacientes en un establecimiento sanitario, como son las consultas médicas, pasan a ser clientes de otro que es la farmacia. “Aquí repartimos salud” les digo a mis feligreses que se congregaban delante del mostrador.

Todo ha cambiado, ahora pasan de uno en uno, les tengo que mirar a los ojos para reconocerlos ya que las vías respiratorias van cubiertas por una mascarilla (que en demasiadas ocasiones se parecen más a un bozal) y las manos van embutidas en unos guantes que sólo acumulan mierda. En el suelo hay pintada una línea y varios carteles situados de forma estratégica avisan “no traspase la línea del suelo” que debí escribirlos en chino ya que pocos son los que entienden este lenguaje y cumplen lo leído.


Antigua farmacia de Jerez de la Frontera


En toda farmacia hay clientes especiales. Primero están los amigos, aquellos que llegaban y te daban un apretón de manos soltando la frase “aquí un amigo, de clase pobre, pero amigo”. De ellos conozco sus historiales médicos mejor que nadie y con ellos practico lo más bonito para mí en esta profesión, la atención farmacéutica. Ahora los saludo a lo lejos, a dos metros de distancia como mínimo. Se echa de menos la cháchara que mantenía a diario con Eduardo, Pepe, Miguel, Juan, Enrique, Fernando… porque están encerrados protegidos del virus, ahora les mando recuerdos cuando los hijos van por su medicación.

Luego están los clientes que ni fu ni fa, aquellos que llegan, piden, les das, respondes a las mil y una preguntas que te hacen y se van. Todo robotizado.

Por último, he querido dejar a los especiales, pocos en cantidad pero con gran calidad de anécdotas. Unos que te hacen llorar de risa y otros, los tocapelotas, dos o tres a lo sumo, que hacen aumentar mi nivel de adrenalina y que salga esa vena “granaína malafollá”, con solera, bien aprendida y curtida por el paso de los años en esta ciudad, la de la Alhambra.

Nunca me he encontrado cara a cara con la muerte pero la he olido al pasar para llevarse el alma de algún ser querido, de algún amigo. 

Espero y deseo que estéis todos bien.

Cuidaos.

viernes, 21 de febrero de 2020

Las trillizas de Benínar


Hace unos meses, después de años de duro trabajo, un grupo de benineros os presentamos el libro “Historias de Benínar” y puedo decir que con gran orgullo y satisfacción. Por desgracia, hubo muchas historias que no se pudieron publicar, unas por la falta de información para completarlas y otras para no hacer demasiado extenso el libro. Para suplir este inconveniente está este blog, así difundimos nuestras costumbres e historia y vosotros, benineros o no, os enriquecéis con nuestro pasado.

La historia inconclusa que hoy os voy a contar ocurrió en el verano de 1864 y corrió de boca en boca como la pólvora, en el pueblo habían nacido tres niñas en un parto, el primer caso conocido de trillizos en la historia de Benínar. Pero, ¿Cuál es la probabilidad de que esto suceda? Cogiendo los datos del Instituto Nacional de Estadística de 2010 en España nacieron 484.055 niños de los que 193 fueron trillizos[1]. O sea, escasa.

Pero, a qué se debe este parto múltiple. Tres son las causas:

1º. Cuando son tres óvulos diferentes los fecundados. Se tienen tres bebés distintos que pueden ser del mismo sexo o diferente.

2º. Cuando son dos óvulos diferentes y uno de ellos se divide en dos. Se forman un mellizo y dos gemelos, estos últimos del mismo sexo.

3º. Un solo óvulo que se divide y uno de estos vuelve a dividirse. En este caso los trillizos son idénticos.

Al haber pasado 156 años de este hecho, debido a la falta de documentación y (naturalmente) testigos, no puedo saber cuál de los tres casos citados es el que se produjo.


Trillizos. Fotografía de la página web https://www.actuall.com/



Corría el 23 de junio de 1864, en casa de Serafín Gutiérrez se oían gritos de parto. Su mujer María Josefa Enríquez estaba dando a luz. Don Gabriel, el médico, sólo había visto esto en los libros de medicina cuando estudiaba, nunca había asistido a un parto de trillizas. Por fortuna todo salió bien, nacieron tres niñas a las que pusieron el nombre de sus madrinas: Ana, Antonia y María Dolores.

Debido a su poco peso, don Pedro, el cura, decidió que fueran bautizadas ese mismo día.

Me hubiera gustado hacer una pequeña biografía, hablar de sus infancias, matrimonios, hijos… por desgracia los libros en los que podía aparecer alguna referencia sobre sus vidas fueron destruidos o desaparecieron hace tiempo. He consultado a algunos de los más sabios y ancianos del lugar, no recuerdan haber oído de sus antepasados este hecho y es que 156 son muchos años para la memoria.





[1] Actualmente se usan técnicas de inseminación artificial que aumentan la frecuencia de partos múltiples.

jueves, 30 de enero de 2020

Doña Antonia, la primera maestra de Benínar


Hace año y medio os conté en un artículo quien fue el primer maestro de nuestro pueblo, en este os voy a contar quien fue la persona que comenzó la alfabetización de nuestras bisabuelas o tatarabuelas.

Con la desaparición de Benínar, el paso de los años y la desidia hacia nuestro pasado ha relegado al ostracismo a una serie de personajes que fueron decisivos en la historia de nuestro pueblo. 

A mediados del siglo XIX Benínar estaba en plena efervescencia económica, tenía industria, agricultura de regadío en expansión y población que no paraba de crecer. Las arcas del Ayuntamiento estaban llenas, había dinero para gastar, así que se decidió invertir en educación. En un pleno se acordó crear dos escuelas de educación primaria, una para niños y otra para niñas.

En la España de mediados de ese siglo el 49% de las escuelas de niñas eran privadas (las de niños un 17%), se daba más importancia a la educación pública masculina que femenina. En nuestro pueblo no fue así, ambas eran públicas pero la asistencia a las aulas dependía más de la mentalidad de los padres y del quehacer diario que de las ganas de aprender. Muchos benineros no fueron escolarizados porque el niño en la mina era más productivo, porque se podía meter en los comunales a “coger” una carga de Mata blanca, Bolinas o lo que pillara para poder cocinar o venderlo, con alto riesgo de llevarse un guantazo o estacazo del guarda (la leña de los comunales se subastaba de forma anual), porque había que acarrear agua, cuidar de la cabra… Las niñas ayudaban a sus madres en las labores y quehaceres de las casas.


Mata blanca


Bolina


Con los años cambia la mentalidad y sociedad, poco a poco las escuelas se iban llenando de párvulos ávidos de conocimientos.

 La escuela de niños comenzó a funcionar en 1856 pero la de niñas fue otro cantar. Debido a la falta de maestras, hay que recordar que por entonces el que una mujer estudiase era muy raro, no había candidata para el puesto en Benínar. También hay que sumar a esto que el sueldo era más bien escaso.

Hubo que esperar hasta 1862, Doña Antonia Rubí López, natural de Roquetas de Mar, aceptó la plaza. Supongo que fueron por ella a Berja y a lomos de un mulo hizo su entrada en el pueblo.

Una bandada de niños revoloteaba a su alrededor con gran algarabía, momentos después el señor cura, el alcalde y secretario hacían su aparición, unos repartiendo pellizcones a los zagales y el otro bendiciones a los adultos.

El ayuntamiento alquiló una casa al lado de la iglesia, en los bajos acondicionó la escuela y en la planta superior se habilitó como vivienda para la maestra.


La casa de la derecha fue la escuela de niñas. Fotografía de Manuel Maldonado Ruiz.


Una muchacha con carrera y soltera en Benínar… Inmediatamente el grupo de alcahuetas del lugar se puso a trabajar,  había que informarse hasta de la talla de enaguas que la señorita Antonia usaba, y es que aquella joven maestra era un buen partido. En aquella ocasión nada tuvieron que hacer los solteros, al pueblo llegó un maestro llamado Salvador Gallego que fue quien la llevó al altar.

Unos 20 años estuvo culturizando a generaciones de benineras.

Desconozco los motivos por los que abandonaron el pueblo, doña Antonia falleció en 1888 siendo maestra de la escuela de El Chive (Lubrín).

Aunque nuestra memoria colectiva la olvidó hace más de un siglo, con este artículo, nosotros, los tataranietos de sus alumnas la recordaremos para siempre. 

Saludos.

domingo, 15 de diciembre de 2019

El primer matrimonio católico en Benínar


Después de la guerra contra los moriscos y de su posterior expulsión, en la Alpujarra se produce un vacío poblacional que es solventado por la llegada de una serie de individuos y familias a los que se les denominó repobladores. A partir de 1574 a cada repoblador se le dio una casa y tierras de distintas calidades que en aquellos tiempos se denominó “suerte”.
En aquella época carretas de bueyes procedentes de todos los rincones de España y más allá pululaban por los caminos alpujarreños, cargados de sueños y esperanza.




Entre los pueblos empezó un mercadeo de suertes, los nuevos concejos ofrecían mejores condiciones para que la gente se estableciera en ellos, a mayor población más riqueza se genera e importancia adquiría el lugar. Os puedo contar el caso de la familia Arredondo que llegaron de repobladores a Berja y acabaron estableciéndose en Zújar (Granada) al ofrecerles seguramente el concejo de aquel lugar condiciones más ventajosas.
Imaginaos nuestra Alpujarra, a la que llegan familias italianas, castellanas, navarras, aragonesas, andaluzas, extremeñas, catalanas… ¡Qué mezcla de culturas y qué riqueza de conocimientos, ya que cada uno aportó el saber y tradiciones de su tierra! Por esto y más nuestra Alpujarra es única, llevamos en nuestro ADN un trocito de cada región española.
Hace diez años os puse en este blog la lista de repobladores de Benínar:
Bartolomé Márquez, natural de Almonaster.
Diego de Vitoria, natural de Navarra.
Andrés Martín, natural de Almagro.
Juan Rodríguez, natural de Otero.
Juan López, de Baza.
Alonso de Coholado, de Orán.
Antón Sardo, de Cerdeña.
Alonso Merino, de Écija.
Martín Rodríguez, de Otero.
Pedro de Hoces, de Sevilla. Juan de Baza que vino en lugar del valenciano Ginés Gambau.

Estos son los 10 repobladores que se asentaron en nuestro pueblo según nuestro libro de apeo y repoblación, algunos apellidos se han perdido, otros han perdurado como Vitoria, Martín, Rodríguez. 

Portada del libro de apeo y repoblación

Con los años los pueblos se fueron recuperando del abandono sufrido, las casas se reconstruyeron y las tierras volvieron a dar sus frutos.
La mayoría de los repobladores eran matrimonios con niños pequeños, que al ir creciendo el amor fue surgiendo entre aquellos jóvenes.
A comienzos del siglo XVII la iglesia de Benínar dependía de la parroquia de Turón, tiempo después se agregaría a la de Darrícal dada su proximidad. En 1612 la Diócesis de Granada envió un cura permanente a Turón y una o dos veces por semana bajaba a Benínar a decir misa. Nuestra iglesia no era el edificio que conocimos, no se le parecía lo más mínimo, una vetusta puerta daba acceso a una habitación con paredes de adobe y techos de launa, no había donde sentarse y el altar era una pequeña mesa de madera. Lo suficiente para la población que había.


Iglesia de Benínar



En ese año Juan Pérez, hijo de Andrés Pérez e Isabel Ortiz casa con Francisca Simón, hija de Alonso Simón y de Francisca Martín. Es el primer matrimonio cristiano celebrado en Benínar y muchos benineros los tenemos como antepasado común.
Las bodas en aquella época no eran como las de ahora, sin embargo sí que serían muy parecidas a las que recordamos en Benínar. En el libro “Vivencias en la Alpujarra y su entorno” de Eugenia Doucet viene muy bien descrito, recomiendo su lectura.
Si habéis leído con atención lo relatado, los apellidos que aparecen son Pérez, Ortiz, Simón y Martín, sólo este último aparece en la lista de repobladores. Esto es porque la lista no es real, algunos no les gustó aquello y se fueron, a otros les encantó y se establecieron después de haberla confeccionado.
Ya sabemos otro trocito de nuestra historia, en un futuro no muy lejano os contaré más.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Presentación del libro Nuestra Señora de Gádor Coronada

Ayer día siete, a las siete de la tarde, en el salón del Hospital de la Basílica de la Virgen de las Angustias en Granada, Antonio Campos Reyes nos presentó su magnífico libro "Nuestra Señora de Gádor Coronada". Nunca había visto a tanto virgitano reunido fuera de su patria chica. 

Un libro que se hace imprescindible en nuestra biblioteca, de amena lectura y con multitud de fotografias que hace un recorrido histórico de la imagen y su entorno.

Representando a Benínar estuvimos Charo Ruiz y un servidor.

Muchos años de duro trabajo ha dado un magnífico fruto, enhorabuena Antonio.










Saludos Benínar.

sábado, 17 de agosto de 2019

Presentación del libro Historias de Benínar

El pasado día 15, Pablo Doucet Sánchez, Paco Ramón y un servidor, Francisco Félix, tuvimos el honor de presentar el libro “Historias de Benínar” a nuestros paisanos y en nuestra tierra.

Un libro en el que hemos invertido tres años de trabajo, recopilando y dando forma a esas historias que nuestros ancestros vivieron y después nos transmitieron de forma oral.

Cada vez somos menos los que conocimos Benínar, los que antaño paseamos por sus calles y nos bañábamos en su río, los que bebíamos el aguanieve de avellana en las fiestas y oíamos recitar los Moros y Cristianos…


Pablo, Paco Ramón y Francisco Félix firmando libros




Termino con la siguiente cita del libro: “Sabemos que es una obra incompleta, sólo esperamos que en un futuro otros continúen el camino aquí empezado”.

La semilla está plantada, sólo hay que abonarla con conocimiento.







Saludos Benínar.

martes, 23 de julio de 2019

Libro Historias de Benínar





Estimados amigos.

Me complace anunciaros la publicación de un nuevo libro sobre Benínar. Se titula Historias de Benínar.

Han sido dos años de duro trabajo que ha culminado con esta obra de la que los autores estamos muy orgullosos.

Francisco Félix Maldonado Calvache, José Pedro Añez Sánchez, Juan Gutiérrez Ruiz y Paco Ramón Sánchez Maldonado os hemos preparado un libro ameno en su lectura, lleno de historias ocurridas en Benínar ilustradas por el artista Pablo Doucet Sánchez.

A algunos les refrescará la memoria y a otros les enriquecerá. Compartimos un pasado y en la asociación Plaza de Benínar no queremos que se olvide.

Si estáis interesados, podéis comprarlo por internet en esta dirección:

https://www.amazon.es/dp/1082019984  






Saludos Benínar.

jueves, 30 de mayo de 2019

Benínar y la epidemia de cólera de 1885

Que te hablen de la sanidad en España, por desgracia, es un no parar de reproches. Cada vez se hace más raro que se alabe la actuación de un sanitario que trabaje en el sector público. A diario oigo quejas por las listas de espera, porque el médico no nos receta lo que queremos, de lo que se tarda en los servicios de urgencias, de lo que hay que pagar por los medicamentos, de la comida de los hospitales, de lo malas o malos que son las enfermeras/os… en resumidas cuentas, de todo y por todo. Pero pocos se acuerdan que gracias a nuestros impuestos la sanidad es gratuita, universal y una de las mejores, que somos la envidia del resto del mundo. Cierto es que todo es mejorable, sólo lo valoramos y nos damos cuenta de lo que tenemos cuando salimos al extranjero, necesitamos atención sanitaria y lo primero que nos piden es la tarjeta de crédito.

Hace unos días, estando en mi lugar de trabajo me llegó una paciente muy enfadada. Venía del servido de urgencias del PTS (Hospital del Parque Tecnológico de la Salud en Granada) para que la trataran de lo que era una simple alergia primaveral (congestión nasal, estornudos, ojos irritados y llorosos...) y había estado tres horas esperando. Le habían prescrito una loratadina por la que tenía que pagar la asombrosa cantidad de 21 céntimos. Sus quejas continuaron ahora hacia el sector farmacéutico, de los millones que “ganamos” y para colmo le dábamos un genérico (palabra demonizada, ampliamente usada y difundida hoy en día por todos los usuarios de las farmacias).

Resulta paradójico que cuando nos gastamos 150 euros en la consulta de un médico privado y 30 euros por los medicamentos que nos ha mandado, lo alabamos y sacamos pecho pero cuando vamos a “la pública” y hay que pagar 21 céntimos por la medicación todo son quejas.

También los hay que se meten en Google y se empollan el prospecto del medicamento, profanos convirtiéndose en eruditos del Tramadol/Paracetamol (Zaldiar). Tanto me asombra su sapiencia que les digo ¿Quieres que te de mi bata?

Pero bueno, ¿Y esto a qué viene? Pues a lo poco que se quejaban nuestros antepasados  cuando sus vidas pendían de un hilo a causa de las epidemias y con una sanidad pública inexistente.
Por suerte hoy en día en España sólo sufrimos una epidemia, la de la gripe (y hay vacuna que refuerza nuestras defensas) pero antaño eran muchas y variadas las que nos llevaban de retiro forzoso a nuestro cementerio.

El pasado año os presenté un artículo por el centenario de la gripe, ahora os hablaré del cólera.

El cólera es una enfermedad causada por una bacteria llamada Vibrio cholerae, se transmite por alimentos infectados o por el agua, produciendo vómitos, diarreas y en casos graves, la muerte.






En agosto de 1885, 29 años después de ser descubierta, la bacteria llegó a Benínar. La gente empezó a enfermar y las malas lenguas le echaban la culpa a los de Darrícal ya que tiraban los animales muertos al río “para propagar enfermedades”, costumbre que por aquel entonces también se hacía en Benínar, pero claro, allí no subían los de Adra a pedir cuentas.

Por aquella época el médico que teníamos en Benínar era don Ricardo Magaña (alpujarreño natural de Busquístar). Si Benínar existiera tendría una calle con su nombre, estuvo más de tres décadas cuidando y salvando las vidas de nuestros antepasados. Le debemos muchísimo ya que desde que el ayuntamiento creara la plaza de médico cirujano en 1853 hasta su llegada pasaron 30 años sin que ningún médico quisiera establecerse en Benínar. En aquel tiempo se pagaba por sus servicios, en dinero o en especias (una gallina, un conejo, unos huevos…), el ayuntamiento aportaba como sueldo 750 pesetas anuales fraccionadas en trimestres, cantidad ridícula comparada con los pueblos o ciudades grandes que llegaba a ser hasta cinco veces mayor.

Don Ricardo era buen médico, recomendaba hervir el agua del río antes de beberla. Pero claro ¿Dónde estaba la leña para hervirla? Benínar había sido víctima de su propia revolución industrial, se había arrancado del monte todo aquello que pudiera arder para fundir el plomo, convertirlo en lingotes y llevarlo a Adra. Lo único que quedaba era alguna matablanca, el esparto de los terrenos comunales y lo que sobraba de la poda de árboles, lo suficiente para cocinar pero no para hervir agua a diario.


Montes de Benínar en 1968. Imaginad a finales del XIX. Fotografía de Pedro Medina.


Esta historia comenzó el 10 de agosto de 1885, Francisco Rodríguez llegó corriendo a la casa del médico para decirle que su hija Paquita, de dos años de edad tenía vómitos y fuertes diarreas. Su madre le cambiaba los pañales y los lavaba en el río o la acequia si llevaba agua, la pobre ignorante sin saberlo estaba ayudando a la expansión de la enfermedad. Por los datos que tengo la mayor parte de fallecimientos se produjeron en el barrio Hondillo, lo que quiere decir que muchos se contagiaron por beber el agua que pasaba por la acequia del Lugar.

Según los datos recogidos en bibliografía de la época en Benínar enfermaron 47 personas y fallecieron 20, casi la mitad de los enfermos murieron.

Según mis investigaciones y basándome en el libro de defunciones de Benínar de ese año, fueron 29 los fallecidos y seguramente más de 47 los enfermos. En 20 días Benínar perdió el 2.5% de su población. 

Como nota curiosa decir que en Hirmes no hubo ningún fallecido, allí el agua es de la fuente y el lavadero va por detrás por lo que no hubo ningún infectado.


Fuente de Hirmes. Fotografía procedente de mi archivo personal.



Lavadero de Hirmes. Fotografía procedente de mi archivo personal.


En la actualidad la palabra cólera la oímos sólo en los países del tercer mundo, lejanos, con una sanidad subdesarrollada, hemos olvidado que durante el siglo XIX varias fueron las epidemias de cólera sufridas en España y cientos de miles los que fallecieron por su causa.

Esta fue la de 1885, de las anteriores no dispongo de datos.


In memoriam a los benineros fallecidos aquel mes de agosto de 1885:

01. Francisca Rodríguez Sánchez, de dos años de edad, vivía en la Plaza.

02. Antonio León Sánchez Sánchez, de 61 años, vivía en el barrio Hondillo.

03. María de la Gloria Cuenca Zamora, de tres años, vivía en la Placeta.

04. Antonio Sánchez Sánchez, de 66 años, vivía en la calle Iglesia.

05. Juan Ruiz Serrano, de 60 años, vivía en la Ramblilla.

06. María Josefa Prados Vargas, de tres meses, vivía en la Rambla.

07. Francisco Sánchez Pérez, de 27 años, vivía en el barrio Hondillo.

08. María Dolores Victoria Gutiérrez, de 62 años, vivía en la Plaza.

09. Rosa López Vargas, de 13 meses, vivía en la calle Real.

10. Esmerila Cuenca Zamora, de 4 años, vivía en la Plaza.

11. Antonia Cantón González, de 62 años, vivía en la Vegueta.

12. Pedro Rincón Moreno, de 45 años, vivía en el barrio Hondillo.

13. María Sánchez Rincón, de tres años, vivía en el barrio Hondillo.

14. Rosario Fernández Sánchez, de 65 años, vivía en la calle Real.

15. Manuel Sánchez Victoria, de tres años, vivía en el barrio Hondillo.

16. Manuel Fernández Martín, de 34 años, vivía en el barrio Hondillo.

17. Francisco Fernández Maldonado, de 60 años, vivía en el barrio Hondillo.

18. Nicolasa Sánchez Campoy, de 65 años, vivía en el barrio Hondillo.

19. Francisco García Cantón, de 6 meses, vivía en la calle Real.

20. Joaquín López Prados, de tres años, vivía en la calle Real.

21. Juan Herrera Sánchez, de tres años, vivía en la calle Real.

22. Juan Sánchez Martín, de 78 años, vivía en la calle Iglesia.

23. María Vargas Rivera, de 40 años, vivía en la calle Ancha.

24. Dolores Sánchez Rincón, de 6 años, vivía en la calle Ancha.

25. María Rosalía Sánchez Rincón, de 10 meses, vivía en la calle Ancha.

26. Francisco Ruiz López, de 8 años, vivía en el Río.

27. María Dolores Escobosa Sánchez, de dos años, vivía en la Placeta.

28. Venilia Triviño Jiménez, de 50 años, vivía en la Placeta.

29. Filomena Sánchez López, de dos años, vivía en el barrio Hondillo.


Saludos Benínar.

lunes, 1 de abril de 2019

El apellido Calvache en Alicún y Alhama de Almería

En este artículo os voy a contar como llegó el apellido Calvache a Alhama de Almería y el por qué. A mí me interesa más la historia familiar que la genealogía, saber lo que hicieron nuestros antepasados, poder ver una firma con más de doscientos años tiene más aliciente que una serie de nombres ordenados y consecutivos. Pero claro, para llegar a lo uno antes hay que hacer lo otro.

Mirando los datos del Instituto Nacional de Estadística podemos ver que en Almería sólo 95 personas llevan como primer apellido Calvache y 97 como segundo, no hay ninguna que lo tenga de primero y segundo a la vez.

Nuestra historia comenzó hace 500 años, a la zona de Codba (Fuente Victoria) y Laujar, pueblos de Almería, llegó un vicario llamado Calvache. Su misión era la de cristianizar a los moriscos. Los curas no solían viajar solos, con frecuencia los acompañaba algún familiar y así llegó el apellido a la provincia (lo llamo provincia para situarlo ya que en aquella época no existían las provincias, era el Reino de Granada).

Sus descendientes formaron tres ramas, la de Laujar, la de Canjayar-Padules y la de Alhama de Almería. Los saltos del apellido de un pueblo a otro eran normalmente por razones económicas o por matrimonio. 

Conforme avance en mis investigaciones os iré informando y completando nuestro árbol genealógico, con todos los Calvache que han vivido en nuestra provincia, más adelante con los que emigraron a otras ciudades y países.

¿De dónde sale la información? En Almería podemos obtener información genealógica de tres sitios principalmente:

1º. Los archivos parroquiales. La Diócesis de Almería los está concentrando en el Archivo Diocesano para su mejor custodia.

2º. Los expedientes matrimoniales. Los originales se encuentran en el Archivo de la Diócesis de Granada. Están microfilmados por los Mormones (gran trabajo), se pueden pedir y consultar en los Centros de Historia Familiar o en el propio Archivo Diocesano (pidiendo cita).

3º. Los protocolos notariales de los pueblos donde han vivido nuestros ascendientes. Se custodian en el Archivo Histórico Provincial de Almería. Su consulta es libre. Podremos encontrar testamentos, dotes, codicilos, compraventas, obligaciones… copia de cualquier documento notarial que haya hecho algún antepasado nuestro.

Hasta ahora sólo he podido realizar el estudio completo de los expedientes matrimoniales y una breve consulta a los libros parroquiales. Estos son los resultados. Puede haber más individuos, yo os pongo los que he encontrado. También advierto que puede haber algún error de fecha de nacimiento, defunción o boda pero no en la descendencia (espero).

Por el momento he retrocedido hasta el año 1702. En ese año en Alicún (Almería) nació Nicolás Calvache que años después casó con Francisca Gómez. Tuvieron dos hijos:

.      A. Diego Calvache Gómez, que según su expediente matrimonial casó en 1765 con Josefa María Picón, hija de Blas Picón y Josefa Jinel, naturales de Alicún. Eran parientes en tercer grado.

       B. Tomás Calvache Gómez. Nació en 1736 en Alicún (Almería) y falleció en Alhama. Casó con Magdalena Muñoz, natural de Alicún, también fallecida en Alhama. Aquí tenemos al primer Calvache que se estableció en Alhama de Almería, supongo que por trabajo, ya que era agricultor. Tuvieron tres hijos:

B1. María Calvache Muñoz. Nació en 1776 en Alhama. Casó en 1799 con Alejandro Cadenas.

B2. Ramón Francisco Calvache Muñoz. Nació en Alicún en 1762. Casó en 1792 con Juana López Salas.

B3. Alejandro Nicolás Calvache Muñoz. Nació en Alhama en 1770. Se casó dos veces, la primera con Ana García y al fallecer con María García García que era viuda de Cristóbal Cortés. Ana y María eran familia. Con Ana García tuvo a:

B31. María Antonia Nicolasa Calvache García. Nació en 1815. Casó en 1833 con José Artés.

B32. Cecilio Calvache García. Nació en 1800 en Alhama de Almería, falleció en 1835. Casó con Ana Gil Martínez (Alhama N.1803 - M.1820). Hijos:

B321. Manuel Calvache Gil. De oficio jornalero. Casó con Teresa López Ibarra. Tuvieron un hijo en 1860 (desconozco el nombre) que casó en 1888 con Isabel Rodríguez Lázaro.

B322. Alejandro Calvache Gil (falleció en 1881). Casó con Francisca Rodríguez López. Tuvieron a:

-Gabriel Calvache Rodríguez (nació en 1867), casó en 1889 con Isabel Mazo Mazo.
-Alejandro Calvache Rodríguez (N.1860) casó con Damiana López López. Emigran a Linares (Jaén). Rama de Linares.

-Josefa Calvache Rodríguez (N.1850). Casó con Francisco Oliver Callejón. Información recogida de Geneanet.

-Pedro Calvache Rodríguez (N.1856). Casó con María López. Hijos: Gabriel, Pedro, José, Isabel y Nicolás. Información recogida de Geneanet.

B323. Francisco Calvache Gil. Nació en 1834. Casó en 1856 con Antonia Rodríguez Gil (N.1837 – M.1890). Tuvieron tres hijos:

-Francisco Calvache Rodríguez (N.1859). Casó con Antonia Marín.

-Manuel Calvache Rodríguez (N.1865). Casó con Ana Rodríguez Ferrer.

-José Calvache Rodríguez (N.1869 – M.1936). Casó con Carmen Artés Tortosa. Emigró a Almería capital porque la fuente de Alhama se secó, de ahí que pasara a denominarse Alhama la Seca. Tuvo cinco hijos: Gloria, Carmen, Francisco, Manuel y José (mi abuelo).








Este estudio genealógico no está completo, necesita de vuestra colaboración. Estando trabajando en Cartagena encontré información sobre el empresario Pio Wandosell casado con Dolores Calvache Yañez, ambos naturales de Alhama la Seca. Ella era hermana de Diego Calvache Yañez (N.1849), trabajó de agente de seguros y fotógrafo, tuvo hermanos que fueron a trabajar a las minas de La Unión en Murcia. http://almeria.fape.es/el-clan-de-los-retratistas-alhamenos/

Mucha es la información que queda por descubrir.