sábado, 17 de agosto de 2019

Presentación del libro Historias de Benínar

El pasado día 15, Pablo Doucet Sánchez, Paco Ramón y un servidor, Francisco Félix, tuvimos el honor de presentar el libro “Historias de Benínar” a nuestros paisanos y en nuestra tierra.

Un libro en el que hemos invertido tres años de trabajo, recopilando y dando forma a esas historias que nuestros ancestros vivieron y después nos transmitieron de forma oral.

Cada vez somos menos los que conocimos Benínar, los que antaño paseamos por sus calles y nos bañábamos en su río, los que bebíamos el aguanieve de avellana en las fiestas y oíamos recitar los Moros y Cristianos…


Pablo, Paco Ramón y Francisco Félix firmando libros




Termino con la siguiente cita del libro: “Sabemos que es una obra incompleta, sólo esperamos que en un futuro otros continúen el camino aquí empezado”.

La semilla está plantada, sólo hay que abonarla con conocimiento.







Saludos Benínar.

martes, 23 de julio de 2019

Libro Historias de Benínar





Estimados amigos.

Me complace anunciaros la publicación de un nuevo libro sobre Benínar. Se titula Historias de Benínar.

Han sido dos años de duro trabajo que ha culminado con esta obra de la que los autores estamos muy orgullosos.

Francisco Félix Maldonado Calvache, José Pedro Añez Sánchez, Juan Gutiérrez Ruiz y Paco Ramón Sánchez Maldonado os hemos preparado un libro ameno en su lectura, lleno de historias ocurridas en Benínar ilustradas por el artista Pablo Doucet Sánchez.

A algunos les refrescará la memoria y a otros les enriquecerá. Compartimos un pasado y en la asociación Plaza de Benínar no queremos que se olvide.

Si estáis interesados, podéis comprarlo por internet en esta dirección:

https://www.amazon.es/dp/1082019984  






Saludos Benínar.

jueves, 30 de mayo de 2019

Benínar y la epidemia de cólera de 1885

Que te hablen de la sanidad en España, por desgracia, es un no parar de reproches. Cada vez se hace más raro que se alabe la actuación de un sanitario que trabaje en el sector público. A diario oigo quejas por las listas de espera, porque el médico no nos receta lo que queremos, de lo que se tarda en los servicios de urgencias, de lo que hay que pagar por los medicamentos, de la comida de los hospitales, de lo malas o malos que son las enfermeras/os… en resumidas cuentas, de todo y por todo. Pero pocos se acuerdan que gracias a nuestros impuestos la sanidad es gratuita, universal y una de las mejores, que somos la envidia del resto del mundo. Cierto es que todo es mejorable, sólo lo valoramos y nos damos cuenta de lo que tenemos cuando salimos al extranjero, necesitamos atención sanitaria y lo primero que nos piden es la tarjeta de crédito.

Hace unos días, estando en mi lugar de trabajo me llegó una paciente muy enfadada. Venía del servido de urgencias del PTS (Hospital del Parque Tecnológico de la Salud en Granada) para que la trataran de lo que era una simple alergia primaveral (congestión nasal, estornudos, ojos irritados y llorosos...) y había estado tres horas esperando. Le habían prescrito una loratadina por la que tenía que pagar la asombrosa cantidad de 21 céntimos. Sus quejas continuaron ahora hacia el sector farmacéutico, de los millones que “ganamos” y para colmo le dábamos un genérico (palabra demonizada, ampliamente usada y difundida hoy en día por todos los usuarios de las farmacias).

Resulta paradójico que cuando nos gastamos 150 euros en la consulta de un médico privado y 30 euros por los medicamentos que nos ha mandado, lo alabamos y sacamos pecho pero cuando vamos a “la pública” y hay que pagar 21 céntimos por la medicación todo son quejas.

También los hay que se meten en Google y se empollan el prospecto del medicamento, profanos convirtiéndose en eruditos del Tramadol/Paracetamol (Zaldiar). Tanto me asombra su sapiencia que les digo ¿Quieres que te de mi bata?

Pero bueno, ¿Y esto a qué viene? Pues a lo poco que se quejaban nuestros antepasados  cuando sus vidas pendían de un hilo a causa de las epidemias y con una sanidad pública inexistente.
Por suerte hoy en día en España sólo sufrimos una epidemia, la de la gripe (y hay vacuna que refuerza nuestras defensas) pero antaño eran muchas y variadas las que nos llevaban de retiro forzoso a nuestro cementerio.

El pasado año os presenté un artículo por el centenario de la gripe, ahora os hablaré del cólera.

El cólera es una enfermedad causada por una bacteria llamada Vibrio cholerae, se transmite por alimentos infectados o por el agua, produciendo vómitos, diarreas y en casos graves, la muerte.






En agosto de 1885, 29 años después de ser descubierta, la bacteria llegó a Benínar. La gente empezó a enfermar y las malas lenguas le echaban la culpa a los de Darrícal ya que tiraban los animales muertos al río “para propagar enfermedades”, costumbre que por aquel entonces también se hacía en Benínar, pero claro, allí no subían los de Adra a pedir cuentas.

Por aquella época el médico que teníamos en Benínar era don Ricardo Magaña (alpujarreño natural de Busquístar). Si Benínar existiera tendría una calle con su nombre, estuvo más de tres décadas cuidando y salvando las vidas de nuestros antepasados. Le debemos muchísimo ya que desde que el ayuntamiento creara la plaza de médico cirujano en 1853 hasta su llegada pasaron 30 años sin que ningún médico quisiera establecerse en Benínar. En aquel tiempo se pagaba por sus servicios, en dinero o en especias (una gallina, un conejo, unos huevos…), el ayuntamiento aportaba como sueldo 750 pesetas anuales fraccionadas en trimestres, cantidad ridícula comparada con los pueblos o ciudades grandes que llegaba a ser hasta cinco veces mayor.

Don Ricardo era buen médico, recomendaba hervir el agua del río antes de beberla. Pero claro ¿Dónde estaba la leña para hervirla? Benínar había sido víctima de su propia revolución industrial, se había arrancado del monte todo aquello que pudiera arder para fundir el plomo, convertirlo en lingotes y llevarlo a Adra. Lo único que quedaba era alguna matablanca, el esparto de los terrenos comunales y lo que sobraba de la poda de árboles, lo suficiente para cocinar pero no para hervir agua a diario.


Montes de Benínar en 1968. Imaginad a finales del XIX. Fotografía de Pedro Medina.


Esta historia comenzó el 10 de agosto de 1885, Francisco Rodríguez llegó corriendo a la casa del médico para decirle que su hija Paquita, de dos años de edad tenía vómitos y fuertes diarreas. Su madre le cambiaba los pañales y los lavaba en el río o la acequia si llevaba agua, la pobre ignorante sin saberlo estaba ayudando a la expansión de la enfermedad. Por los datos que tengo la mayor parte de fallecimientos se produjeron en el barrio Hondillo, lo que quiere decir que muchos se contagiaron por beber el agua que pasaba por la acequia del Lugar.

Según los datos recogidos en bibliografía de la época en Benínar enfermaron 47 personas y fallecieron 20, casi la mitad de los enfermos murieron.

Según mis investigaciones y basándome en el libro de defunciones de Benínar de ese año, fueron 29 los fallecidos y seguramente más de 47 los enfermos. En 20 días Benínar perdió el 2.5% de su población. 

Como nota curiosa decir que en Hirmes no hubo ningún fallecido, allí el agua es de la fuente y el lavadero va por detrás por lo que no hubo ningún infectado.


Fuente de Hirmes. Fotografía procedente de mi archivo personal.



Lavadero de Hirmes. Fotografía procedente de mi archivo personal.


En la actualidad la palabra cólera la oímos sólo en los países del tercer mundo, lejanos, con una sanidad subdesarrollada, hemos olvidado que durante el siglo XIX varias fueron las epidemias de cólera sufridas en España y cientos de miles los que fallecieron por su causa.

Esta fue la de 1885, de las anteriores no dispongo de datos.


In memoriam a los benineros fallecidos aquel mes de agosto de 1885:

01. Francisca Rodríguez Sánchez, de dos años de edad, vivía en la Plaza.

02. Antonio León Sánchez Sánchez, de 61 años, vivía en el barrio Hondillo.

03. María de la Gloria Cuenca Zamora, de tres años, vivía en la Placeta.

04. Antonio Sánchez Sánchez, de 66 años, vivía en la calle Iglesia.

05. Juan Ruiz Serrano, de 60 años, vivía en la Ramblilla.

06. María Josefa Prados Vargas, de tres meses, vivía en la Rambla.

07. Francisco Sánchez Pérez, de 27 años, vivía en el barrio Hondillo.

08. María Dolores Victoria Gutiérrez, de 62 años, vivía en la Plaza.

09. Rosa López Vargas, de 13 meses, vivía en la calle Real.

10. Esmerila Cuenca Zamora, de 4 años, vivía en la Plaza.

11. Antonia Cantón González, de 62 años, vivía en la Vegueta.

12. Pedro Rincón Moreno, de 45 años, vivía en el barrio Hondillo.

13. María Sánchez Rincón, de tres años, vivía en el barrio Hondillo.

14. Rosario Fernández Sánchez, de 65 años, vivía en la calle Real.

15. Manuel Sánchez Victoria, de tres años, vivía en el barrio Hondillo.

16. Manuel Fernández Martín, de 34 años, vivía en el barrio Hondillo.

17. Francisco Fernández Maldonado, de 60 años, vivía en el barrio Hondillo.

18. Nicolasa Sánchez Campoy, de 65 años, vivía en el barrio Hondillo.

19. Francisco García Cantón, de 6 meses, vivía en la calle Real.

20. Joaquín López Prados, de tres años, vivía en la calle Real.

21. Juan Herrera Sánchez, de tres años, vivía en la calle Real.

22. Juan Sánchez Martín, de 78 años, vivía en la calle Iglesia.

23. María Vargas Rivera, de 40 años, vivía en la calle Ancha.

24. Dolores Sánchez Rincón, de 6 años, vivía en la calle Ancha.

25. María Rosalía Sánchez Rincón, de 10 meses, vivía en la calle Ancha.

26. Francisco Ruiz López, de 8 años, vivía en el Río.

27. María Dolores Escobosa Sánchez, de dos años, vivía en la Placeta.

28. Venilia Triviño Jiménez, de 50 años, vivía en la Placeta.

29. Filomena Sánchez López, de dos años, vivía en el barrio Hondillo.


Saludos Benínar.

lunes, 1 de abril de 2019

El apellido Calvache en Alicún y Alhama de Almería

En este artículo os voy a contar como llegó el apellido Calvache a Alhama de Almería y el por qué. A mí me interesa más la historia familiar que la genealogía, saber lo que hicieron nuestros antepasados, poder ver una firma con más de doscientos años tiene más aliciente que una serie de nombres ordenados y consecutivos. Pero claro, para llegar a lo uno antes hay que hacer lo otro.

Mirando los datos del Instituto Nacional de Estadística podemos ver que en Almería sólo 95 personas llevan como primer apellido Calvache y 97 como segundo, no hay ninguna que lo tenga de primero y segundo a la vez.

Nuestra historia comenzó hace 500 años, a la zona de Codba (Fuente Victoria) y Laujar, pueblos de Almería, llegó un vicario llamado Calvache. Su misión era la de cristianizar a los moriscos. Los curas no solían viajar solos, con frecuencia los acompañaba algún familiar y así llegó el apellido a la provincia (lo llamo provincia para situarlo ya que en aquella época no existían las provincias, era el Reino de Granada).

Sus descendientes formaron tres ramas, la de Laujar, la de Canjayar-Padules y la de Alhama de Almería. Los saltos del apellido de un pueblo a otro eran normalmente por razones económicas o por matrimonio. 

Conforme avance en mis investigaciones os iré informando y completando nuestro árbol genealógico, con todos los Calvache que han vivido en nuestra provincia, más adelante con los que emigraron a otras ciudades y países.

¿De dónde sale la información? En Almería podemos obtener información genealógica de tres sitios principalmente:

1º. Los archivos parroquiales. La Diócesis de Almería los está concentrando en el Archivo Diocesano para su mejor custodia.

2º. Los expedientes matrimoniales. Los originales se encuentran en el Archivo de la Diócesis de Granada. Están microfilmados por los Mormones (gran trabajo), se pueden pedir y consultar en los Centros de Historia Familiar o en el propio Archivo Diocesano (pidiendo cita).

3º. Los protocolos notariales de los pueblos donde han vivido nuestros ascendientes. Se custodian en el Archivo Histórico Provincial de Almería. Su consulta es libre. Podremos encontrar testamentos, dotes, codicilos, compraventas, obligaciones… copia de cualquier documento notarial que haya hecho algún antepasado nuestro.

Hasta ahora sólo he podido realizar el estudio completo de los expedientes matrimoniales y una breve consulta a los libros parroquiales. Estos son los resultados. Puede haber más individuos, yo os pongo los que he encontrado. También advierto que puede haber algún error de fecha de nacimiento, defunción o boda pero no en la descendencia (espero).

Por el momento he retrocedido hasta el año 1702. En ese año en Alicún (Almería) nació Nicolás Calvache que años después casó con Francisca Gómez. Tuvieron dos hijos:

.      A. Diego Calvache Gómez, que según su expediente matrimonial casó en 1765 con Josefa María Picón, hija de Blas Picón y Josefa Jinel, naturales de Alicún. Eran parientes en tercer grado.

       B. Tomás Calvache Gómez. Nació en 1736 en Alicún (Almería) y falleció en Alhama. Casó con Magdalena Muñoz, natural de Alicún, también fallecida en Alhama. Aquí tenemos al primer Calvache que se estableció en Alhama de Almería, supongo que por trabajo, ya que era agricultor. Tuvieron tres hijos:

B1. María Calvache Muñoz. Nació en 1776 en Alhama. Casó en 1799 con Alejandro Cadenas.

B2. Ramón Francisco Calvache Muñoz. Nació en Alicún en 1762. Casó en 1792 con Juana López Salas.

B3. Alejandro Nicolás Calvache Muñoz. Nació en Alhama en 1770. Se casó dos veces, la primera con Ana García y al fallecer con María García García que era viuda de Cristóbal Cortés. Ana y María eran familia. Con Ana García tuvo a:

B31. María Antonia Nicolasa Calvache García. Nació en 1815. Casó en 1833 con José Artés.

B32. Cecilio Calvache García. Nació en 1800 en Alhama de Almería, falleció en 1835. Casó con Ana Gil Martínez (Alhama N.1803 - M.1820). Hijos:

B321. Manuel Calvache Gil. De oficio jornalero. Casó con Teresa López Ibarra. Tuvieron un hijo en 1860 (desconozco el nombre) que casó en 1888 con Isabel Rodríguez Lázaro.

B322. Alejandro Calvache Gil (falleció en 1881). Casó con Francisca Rodríguez López. Tuvieron a:

-Gabriel Calvache Rodríguez (nació en 1867), casó en 1889 con Isabel Mazo Mazo.
-Alejandro Calvache Rodríguez (N.1860) casó con Damiana López López. Emigran a Linares (Jaén). Rama de Linares.

-Josefa Calvache Rodríguez (N.1850). Casó con Francisco Oliver Callejón. Información recogida de Geneanet.

-Pedro Calvache Rodríguez (N.1856). Casó con María López. Hijos: Gabriel, Pedro, José, Isabel y Nicolás. Información recogida de Geneanet.

B323. Francisco Calvache Gil. Nació en 1834. Casó en 1856 con Antonia Rodríguez Gil (N.1837 – M.1890). Tuvieron tres hijos:

-Francisco Calvache Rodríguez (N.1859). Casó con Antonia Marín.

-Manuel Calvache Rodríguez (N.1865). Casó con Ana Rodríguez Ferrer.

-José Calvache Rodríguez (N.1869 – M.1936). Casó con Carmen Artés Tortosa. Emigró a Almería capital porque la fuente de Alhama se secó, de ahí que pasara a denominarse Alhama la Seca. Tuvo cinco hijos: Gloria, Carmen, Francisco, Manuel y José (mi abuelo).








Este estudio genealógico no está completo, necesita de vuestra colaboración. Estando trabajando en Cartagena encontré información sobre el empresario Pio Wandosell casado con Dolores Calvache Yañez, ambos naturales de Alhama la Seca. Ella era hermana de Diego Calvache Yañez (N.1849), trabajó de agente de seguros y fotógrafo, tuvo hermanos que fueron a trabajar a las minas de La Unión en Murcia. http://almeria.fape.es/el-clan-de-los-retratistas-alhamenos/

Mucha es la información que queda por descubrir.

lunes, 18 de febrero de 2019

Memorias de Benínar. Entrevista a Juan Gutiérrez Ruiz.


Esta entrega es la segunda de lo que en su día llamé Memorias de Benínar. Os recuerdo que con estas entrevistas  pretendo recoger parte de las vivencias de los benineros dentro y fuera de su pueblo. Resumir en unas páginas una vida es imposible pero por algún sitio se ha de comenzar.

Desde la creación de la Asociación Plaza de Benínar organizamos anualmente un día de convivencia entre benineros y amigos en el camping del pantano, así nos relacionamos y compartimos memorias, vivencias y experiencias del pasado.

Siempre aprovecho la ocasión para entrevistar a alguien, ese año de 2016 veo a Juan Gutiérrez y qué mejor ocasión. Se lo propongo, acepta y damos una vuelta buscando un lugar tranquilo, lejos de ruidos. Al final nos sentamos en las escaleras que dan a la trasera de la cocina, es el lugar más tranquilo que hemos podido encontrar.

Definir a Juan Gutiérrez Ruiz es fácil. Es una persona afable, familiar, trabajadora, dinámica e inteligente que supo conquistar y llevar al altar a lo mejor que la tierra catalana ha dado, a su María.


       Juan con María y su hija en las fiestas de Benínar en 1978


Normalmente me gusta empezar las entrevistas preguntando sobre la infancia o barrio del pueblo donde nació, pero como estábamos hablando sobre los pelados que se daban los chiquillos, así comienzo.

Juan, ¿Cuantas barberías había en el pueblo?

“Que yo recuerde había dos. A mí me cortaba el pelo Antonio el de “doña Rosa”, Antonio Sánchez, que era primo de mi madre y hermano de Mariana y de Rosario que vivía en la Vegueta, abuela de Pepe Añez. Tenía la barbería en la Placetilla del Estanco, en una casa que hacía un ángulo lindando con la de Cecilio. Estaba casado con Soledad, que era sobrina de una maestra que tuvo Benínar, doña Rosa, maestra de mi madre, la pobre acabó ciega. 

Este hombre tocaba el violín, lo tenía colgado detrás de la puerta de la barbería y yo aluciné una vez que lo vi tocar. Me acuerdo que cuando fui al seminario, Rosario Peinado (de los Peinado de Granada) tocaba el violín y un día en clase de música, estábamos en Cuevas de Almanzora, dijo que los más aventajados podían dar clase de solfeo con su hermana y preguntó si alguno sabía lo que era un violín. Yo levanto mi mano y dije:

 “yo sí sé lo que es un violín”

“¡Ah sí...! ¿Qué es un violín?”

“Es una guitarrilla pequeña que se toca con una sierra”.

Los profesores que había delante empezaron a reír a carcajada limpia. Yo pienso… “se están riendo de mí pero tengo toda la razón del mundo”, yo muy serio… me dicen, “si fuera una sierra no quedaría ninguna cuerda”, entonces me di cuenta que no sería una sierra.


Antonio Sánchez y su mujer Soledad


Antonio junto a sus hermanas Rosario y Mariana era la única familia que tenía mi madre en el pueblo. Tenía en la barbería un sillón de vaqueta y para los niños nos ponía un cajón. Cortaba el pelo muy adelantado a su tiempo, los cortes que se hacen hoy día los hacía aquel hombre. Cuando llegaba a casa mi madre me decía que me diera la vuelta, yo me ponía negro porque me decía “ve y dile que te quite esa bilbaína que te ha dejado”, volvía a la barbería y me preguntaba “qué Juanico, ¿Qué dice tu madre…?” “Que me quites la bilbaína…”.

También estaba Joseíco “el de Federo”, padre de María Angustias y Pepe Agus, vivían abajo de la calle Real llegando a la Ramblilla, era barbero.

Lo que no había en Benínar era peluquería de mujeres, entonces, las más atrevidas, como mi madre que se atrevía con todo, era un todoterreno. Viuda tuvo que criar a siete hijos… Ella decía “yo te corto el pelo a lo Garzón”. Los Garzón eran una familia que vivía en Hirmes y no entendía que significaba, con el tiempo entendí que cortaba el pelo a lo garsón, que era una palabra francesa, a lo chico, muy corto por atrás. Muchas mujeres fueron a mi casa a pelarse a lo garsón, también iban a Berja a hacerse la permanente.

Recuerdo que cuando tenía ocho años, en un San Roque vinieron unas chicas muy guapas y se pusieron en la casa de Pepe Pérez, en la habitación que había al entrar a mano izquierda que era pequeñita, tenía una reja en la ventana que daba a la carretera, se pusieron allí a hacer permanentes. Los niños estábamos asomados por la reja. Lo primero que me llamó la atención es que le ponían en las orejas unos moldes que parecían de plástico duro casi transparente y no sé qué cosa les ponían en la cabeza que hacía humo, serían los líquidos de la permanente que eran muy fuertes, era un espectáculo verlas echando humo por la cabeza.

La mayoría de las mujeres iban a Berja a la peluquería, salían temprano con la burra para regresar a las 3 ó 4 de la tarde ya que hubo unos años que no pasaba la Alsina.

¿En qué año naciste?

"A finales del 49, en la casa de mis padres".

De izda a dcha mi casa, el transformador y las escuelas



¿Cómo era la casa?

"Era una casa grande, en el Barrio Alto, en medio de la propiedad de los Martín. Era propiedad de mis abuelos maternos, Felipe Ruiz y Ángeles Sánchez.

La casa tenía una cuestecilla para subir, un corral a cada lado, y cuatro chumberas muy grandes que parecían que tenían troncos de pino grande. Debajo había un plantel de almendros que era de Emilia donde hicieron el transformador de la luz y debajo las escuelas.

El portal estaba orientado al sur, dos columnas grandes, un poyo para sentarse, un pesebre para que comieran las bestias y una puerta enorme con un postigo que se abría de la mitad hacia arriba con grandes clavos. Había una ventana con reja que era de un dormitorio que daba al portal. Al entrar, a la izquierda había dos dormitorios, uno interior y otro con ventana. A la derecha estaba el dormitorio cuya ventana daba al portal. En medio la habitación noble de la casa, con una mesa camilla, un espejo enorme con penachos, cuadros con estampas de mujeres de Julio Romero y los bazares con platos de Talavera, botellas de cristal con tapones de colores, luego había una puerta que daba hacia los dos dormitorios y otra que daba a la escalera que subía arriba donde había una habitación a lo largo y tres pequeñas en el lado izquierdo. Una era un dormitorio, en la del centro había un horno para hacer el pan y donde mi madre hacía el queso, era una azotea con dos arcos, la otra habitación era donde teníamos la leña, y cántaros con cal para darle a la casa antes de las fiestas.

La habitación grande tenía una ventana que daba al oeste, era el lugar con mejores vistas al pueblo, se veía desde lo alto de los San Roques, la Cuesta de Berja, el Cortijillo de los Gitanos, el Peñón Carnero y Sierra Nevada, Escariantes, el Cerro de las Casas, los Meloncillo, el Pecho Murtas, Cerrajón y medio Cucanal. Desde las otras ventanas que daban al sur se veía el otro medio Cucanal, los Tajos del Cejor, el Río, los Arenales, el puente, Cortijo de la Mecila, Cerro de las Viñas y el Pecho del Algarrobo hasta la mitad del Carril".


Vistas desde mi casa


¿Cómo fue tu época en el colegio?


"Empecé a los cinco años, fui a las escuelas nuevas en el Barrio Alto. Me sentaba en los últimos bancos, eran viejos, destartalados, llevaba una cartera de tela que me hizo mi madre. Recuerdo ver en los primeros bancos a José Molina y a Miguel Añez “el de Mariana” que vive en Tarragona, Manuel “el de Rosa”… estábamos juntos de cinco a catorce años.

La escuela era de planta plana, tenía una puerta y tres ventanas a cada lado, había un penacho donde estaba la bandera muy nueva. Era nueva, muy limpia, tenía incluso retrete hecho de cemento del que salía un tubo que iba al “albarrás de Frascorro” donde hicieron un pozo negro, aquello era una novedad en Benínar.

En una pared de detrás del maestro había una foto de José Antonio, otra de Franco y un cuadro de la Inmaculada. En el mes de mayo hacíamos “las flores”, se cantaba y rezaba el rosario, creo que sólo eran los sábados.

Había también dos mapas, el físico y el político.


En la escuela


No llegué a terminar el colegio ya que a la edad de once años me fui al seminario. Era monaguillo y creo que heredé la sotana de Paco “el de Doloricas” ya que me llevaba dos años y medio, largos. Siendo monaguillo vino el obispo a Benínar para las confirmaciones. Se llamaba don Alfonso Ródenas García. Durante la misa comenzó a explicar que en el pueblo había muchos niños, que si alguno querría ir al seminario, allí se podía estudiar y el día de mañana ser cura. Preguntó que si alguno de nosotros quería ir levantara la mano, como el obispo estaba mirando al centro de la iglesia y los monaguillos estábamos sentados en un ángulo donde no nos veía, yo levanté la mano, todo el mundo en la iglesia se puso a reír y el obispo miraba pero no veía mi mano levantada, alguien se lo dijo y el hombre me cogió y colocó delante suya con la cabeza apoyada sobre su prominente barriga. Volvió a preguntar ¿No hay nadie más que se anime? El otro monaguillo, que era Antonio Blanco también se animó y Manuel el de Pepa, que no era monaguillo. Fuimos los primeros seminaristas procedentes de Benínar.

Para hacer el ingreso en el seminario nos preparó doña Pepita que era maestra y mujer de don Rafael, el médico. Teníamos muy buena base porque don Salvador era muy buen maestro. Ese verano estuvimos quince días en el seminario de verano de Aguadulce, se llamaba Seminario de la Reina y Señora, era un sitio impresionante, yo no había visto mármol en mi vida hasta aquel momento".

¿Cómo fue tu vida de seminarista?

"Muy bien, encantado, cuando tú llegas a un sitio con agua corriente, con tres platos de comida en la mesa, tu postre, todo muy ordenado y limpio… yo me fui al paraíso.


En el seminario


Fue la primera vez que salí de Benínar, íbamos en un coche negro que tenía el padre de Paco Ramón, creo que era de aquellos de la escolta de Franco. Como éramos tres, con las respectivas madres, Antonio Blanco fue con el cura, don Antonio en una moto marca Ossa que tenía. El cura iba delante con la moto y el coche detrás. Cuando llegamos a Aguadulce y vimos aquel palacio con los arcos mirando al mar, unas escaleras de mármol verde y blanco…


Recuerdo que el agua tenía un sabor horrible, era de pozo y le poníamos una uva que masticábamos al terminar de beber para quitarnos aquel sabor.

En las clases en el seminario no tuve problema, sacaba buenas notas y durante dos o tres años fui de los primeros de la clase. La cosa cambió al llegar al seminario de Almería capital, era más duro y en cuarto me quedaron dos, las matemáticas no me entraban y la física y química.

Los dos primeros años me los pagó don Antonio el cura, después me dieron una beca hasta cuarto de bachiller pero al suspender aquellas dos asignaturas la perdí, mi familia estaba en Barcelona así que con 16 años lo dejé y me fui allí a trabajar".

¿Dónde empezaste a trabajar?

"Mis hermanos querían que siguiera estudiando pero yo quería ganar dinero. Primero estuve aprendiendo mecanografía para un puesto que había en el ayuntamiento, como se lo dieron a otro me fui a trabajar a la fábrica textil donde estaban mi hermano José y mi hermana María Teresa. Al tener estudios me metieron enseguida, pagaban 600 pesetas mensuales pero como quería ganar más me fui al turno de noche que eran 900, te hablo del año 1966-67. Allí estuve durante 40 años. 


Juan con Paco Ramón


La empresa se llamaba Textiles Riba S.A, teníamos clientes de Canadá, Nueva Zelanda, Líbano, Israel…era la tercera en importancia en España cuando cerró. Le hacíamos tela a Adolfo Domínguez, Toni Miró, Margarita Nuez, Burberry…

Cuando empecé a trabajar en la fábrica éramos trescientas y pico personas, cifra que fue disminuyendo conforme se modernizaba.

Ahora trabajan de comerciales y el trabajo se lo hacen tres empresas diferentes de Sabadell.

Allí conocí a mi mujer que también trabajaba en las oficinas. Mi turno era de doce horas, el de ella de ocho, muchas horas juntos, por eso se hicieron muchas parejas allí.

Como ya estaba cerca de la edad de jubilación cerraron la fábrica y me prejubilé".

Juan Gutiérrez y su mujer María Rovira se implicaron desde el nacimiento de la Asociación Plaza de Benínar, colaboran y ayudan a organizar eventos, como San Roque Chico en Cataluña. Allí vive una comunidad grande de benineros que ama su tierra y se niega a olvidarla a pesar de la distancia y del tiempo.


domingo, 27 de enero de 2019

Los años del hambre


Este no ha sido un artículo agradable de escribir. Lo digo porque el documento que tengo entre mis manos, fechado en Turón el trece de marzo de 1781, versa sobre el hambre y miseria que nuestros antepasados sufrieron debido a un pequeño cambio climático. Años de sequía seguidos de grandes inundaciones y por consiguiente a la falta de cosechas que durante décadas sufrió el sureste español. Este documento deja constancia de la penuria que nuestros antepasados hubieron de vivir y explica el por qué de algunas preguntas que alguna vez nos hemos hecho.



Hambruna en Irlanda en el siglo XIX


Recordar el pasado no les gusta a nuestros abuelos, fueron malos tiempos y a nadie le es grato hablar de ello. “¡¡¡Con la abundancia que hay hoy en día!!! ¿Para qué recordarlos?”

Ya son pocos los que no tienen una buena casa, de uno, dos o incluso tres coches, de varios televisores, de teléfonos móviles de última tecnología con conexión a internet 4G, tenemos nuestro propio grupo de wasap, Facebook, Instagram, leemos Blogs, viajamos y vemos en vivo y en directo culturas que antes sólo leíamos en los libros de Julio Verne, Emilio Salgari o veíamos en documentales, comemos los fines de semana en restaurantes, damos dinero a ONGs y apadrinamos niños de países exóticos… llevamos una vida que en nada se parece a la de nuestros antepasados. 

Nuestros actuales agricultores no hacen la agricultura que se hacía en Benínar, aquella era de subsistencia, siempre se sembraba un poco de más para llevarlo a Berja, Turón, Murtas o Ugíjar y venderlo en mercadillos o plena calle. La de ahora es en su mayoría para la exportación, miles de camiones salen de Almería destino al norte para alimentar a millones de personas. Todo empezó con la uva del Barco y ha continuado con los invernaderos.

Muchas veces hemos oído en radio, televisión o a nuestros familiares hablar sobre el hambre que se pasó después de la Guerra Civil en España.


Mosáico del siglo V d.C. Joven alimentando un asno.



Mi padre siendo niño fue testigo de este hecho en un viaje que hizo a Berja acompañando a mi abuelo. En la plaza vio a un grupo de niños descalzos y harapientos que se peleaban por comer los trozos de algarroba y granos de maíz que se les escapaban a un dúo de burros de las cebaderas. Escena que bien podría estar recogida en el Lazarillo de Tormes ya que el hambre no tiene edad, es atemporal y le da igual en que siglo esté.


En los pueblos pequeños la vida era distinta, casi todo el mundo tenía en sus casas gallinas, uno o dos marranos para la matanza, conejos, disponían de un bancal donde cultivar verduras y hortalizas para alimentarse, pero en las ciudades…allí sí que las pasaron canutas.

En la segunda mitad del siglo XVIII, concretamente de 1760 a 1800, ocurrió un fenómeno meteorológico denominado anomalía Maldá (hubo un descenso de la actividad solar que provocó en la Tierra una pequeña edad de hielo, el clima cambió) esto ocasionó terribles periodos de sequía intercalados de breves lluvias torrenciales en el sureste español. No os tengo que recordar qué pasaba entre vosotros los veranos que no llevaba agua el río, imaginaos años sin llover y cuando lo hacía eran diluvios que sólo traían destrucción.

El agricultor siempre mira al cielo esperando la lluvia, pero Benínar tenía su paradoja, grandes manantiales de agua masajeaban sus pies, hay un río subterráneo, sólo había que coger pico, pala y empezar a cavar. Tal vez lo hicieron a la altura de la Rambla de Turón ya que se hablaba que ahí antiguamente hubo una noria cuya agua extraída posiblemente vertería a la acequia de la que molía un antiguo molino, anterior al de Constanza y que la repartiría para el riego de la Vega del Lugar y parte baja del cortijo de la Mecila. Para regar en los Majalones y demás lugares tendrían que hacerlo con cántaros. 


Archivo fotográfico de Pepín Ruiz Ruiz



Esta historia comenzó el tres de marzo de 1781, de madrugada Luis Gutiérrez, alcalde de Benínar junto a Felipe Fernández, montados en sus burros cruzaban el seco río, saludaron a la fuente de la Cañaroa, que ni una lágrima escurría y empezaron a subir por el Cucanal dirección Turón. Allí les esperaba Carlos Batalla, prestamista gaditano afincado en ese pueblo ya que su hermano había comprado la plaza de escribano y con la construcción de la fábrica de plomo había mucho trabajo. Fue la época dorada de Turón.

Días antes nuestro alcalde había convocado a sus paisanos en la plaza, desde lo alto del reducto Luis explicaba a su pueblo que la situación era insostenible, el río y las fuentes estaban secas, apenas había agua para beber o regar ya que “con el motivo de lo calamitoso del presente tiempo, se hacían los vecinos de dicha población de Benínar constituidos en la mayor miseria, sin tener el agua alguna para su alimento y labranza de sus haciendas…”. Decidieron echarse en manos de ese prestamista y tres mil reales le pidieron para repartirlos entre las familias más necesitadas. Estas a su vez tenían hasta el mes de agosto del mismo año para devolverlo, sus tierras y casas pusieron como aval.


Noria



Hasta ahora desconozco si ese dinero se usó para comprar alimentos o para obras de infraestructura que paliaran la voraz sequía (construcción de la noria y ampliación de la red de acequias sería lo más lógico) o ambos. Lo cierto es que a partir de ese año muchas propiedades de benineros pasaron a manos de habitantes de Turón o Berja. Muchos decenios de duro trabajo y ahorro debieron pasar para que parte de aquella tierra volviera a ser de nuestra propiedad. Hasta el último tercio del siglo XIX Benínar no salió del subdesarrollo y miseria que aquel cambio climático provocó.





Ahora querido lector, si eres descendiente de este pueblo entenderás algunas cosas. La primera es por qué había tanta tierra en manos de forasteros, la segunda sería el origen o ampliación de alguna acequia, la tercera fue la aparición de apellidos nuevos en el pueblo (Maldonado, Calvache, Roda… personas que compraron a Carlos Batalla aquellas tierras y se fueron a vivir allí), por último el por qué de la descripción tan miserable que hizo de nuestros antepasados el suizo Charles Didier cuando pasó por la calle Real en 1836.


Os reproduzco el fragmento de su libro “Viaje a la Alpujarra de 1836”, así nos vio:

“… la mula perdió un hierro y tuvimos que dejar la hondonada y subir al caserío perdido de Barita, donde no se encontró ni herradura ni herrador; tuvimos que seguir más mal que bien hasta Benínar, donde fuimos más afortunados. Estos dos pueblos situados el uno y el otro encima del ancho río Adra, que se cruza sin puente, ni que decir tiene, pertenecen a las antiguas tahas de Cebel o Zueyel y están hoy en los límites de la Alpujarra. ¡Pero, Dios, que pueblos! Renuncio a describirlos. Imagínese todo lo que puedan lo más desolado, lo más desesperado, y todavía quedarán debajo de la realidad. Y los habitantes, ¡qué aspecto más salvaje! ¡Qué abandono de ellos mismos! ¡Qué harapos! ¡Qué ignorancia de todo! Olvidados por la civilización en medio de rocas estériles que rascan de padres a hijos, para que rindan un poco de trigo, un poco de vino, las cosas de primera necesidad; están tan lejos de la civilización como si vivieran en los altos valles del Atlas o del Himalaya. Nuestra irrupción en Benínar fue un acontecimiento: la tienda ¿qué digo?, la cueva del herrador fue pronto asediada, invadido por la población entera. Las mujeres eran las más curiosas y las más inoportunas; todas a la vez tiraban de mis ropas para saber de qué tejido estaban hechas, y si yo era de carne y hueso como todo el mundo. Mientras tanto, los niños con camisa o sin camisa me subían por las piernas, y sus padres y sus abuelos echaban a escondidas unas sombrías y hurañas miradas sobre mi escolta y sobre mí. No hay ninguna duda de que si hubiera estado solo, estos beduinos de España, habrían ido a esperarme, con la escopeta en mano, en la esquina del primer bosque o del primer peñasco. Aquel día, estoy profundamente convencido de ello, debí mi vida a los dos carabineros de la inocente Isabel.

Había andado todo el día en el fondo de barrancos ahogados, tenía necesidad de aire y de espacio; mi deseo fue cumplido: la larga y penosa costa de San Roque me condujo sobre una extensa meseta descubierta donde el horizonte se abrió de golpe ante mí. La sierra de Gádor me apareció desde allí en todo su extensión…”

Estas últimas palabras las publiqué en este blog el 14 de junio de 2008, algún lector se indignó por su realismo, a mi en cambio me provocaron orgullo. Orgullo de descender de un pueblo del que gracias a su sacrificio y trabajo, sobrevivieron y hoy podemos estar cómodamente sentados en un sillón delante de un ordenador leyendo esto.