domingo, 22 de abril de 2018

Memorias de Benínar. Entrevista a Antonio Campoy Roda


Buenos días Benínar.

Hoy quiero llevar este blog a una nueva dimensión con la publicación de varias entrevistas que hice a ilustres benineros en un proyecto que en su día denominé “Memorias de Benínar” y que en un futuro no muy lejano acabará en papel, para así ilustrar a las generaciones venideras de cómo era nuestro pueblo contado por nuestros mayores.



Esta entrevista se fraguó el seis de noviembre de dos mil dieciséis. Ese día la Asociación Plaza de Benínar organizaba un año más su asamblea general. Había que rendir cuentas a los socios y celebrar elecciones para renovar los cargos de la dirección.


Habíamos quedado a las doce de la mañana en la puerta del ayuntamiento de Berja, nos habían cedido el salón de plenos para la reunión. Hacía un día radiante, soleado, los virgitanos tomaban el sol en los bancos de la plaza y un gitano con unas canastas de mimbre sobre su espalda iba de banco en banco tratando de venderlas.

Al llegar vi alguien al lado de Paco Ramón, nos saludamos con una interrogación en la mirada, me dije “me suena esta cara… ¿Pero quién es?”. La respuesta llegó más tarde, después de la asamblea.

Es costumbre que después de dicho evento los socios nos tomemos una cerveza antes de irnos, esa vez fue en el bar que hay en la Estación de Autobuses de Berja. Al llegar, nos sentamos por casualidad uno al lado del otro.

Mi interés por aquella persona hizo que le preguntara “¿Usted es de Benínar?”

“Claro, me llamo Antonio Campoy y viví en el molino de la Carigüela”, respondió.

Paco Ramón apuntilló “es Antonio Perejil”. En ese momento eché mano de la grabadora digital que llevo siempre para grabar las reuniones de la Asociación y le pregunté “¿Antonio, te importa si te entrevisto?”.

“Pues venga”, contestó.

Llevo muchos años investigando la historia de nuestro pueblo y en especial la de su industria (que era en exclusiva familiar, a excepción de las minas). El molino de la Carihuela (o Carigüela) fue construido en 1837 por Antonio Quevedo, rico hacendado, vecino de Turón y estuvo en servicio durante 140 años. Por fin conocía a alguien que vivió en ese lugar y podía contarme cosas de allí, no iba a desaprovechar la ocasión…

¿En qué año naciste? Le pregunté.

“Nací el 25 de noviembre de 1939, en el molino de la Carigüela que estaba en los Majalones. Mis padres se llamaban Andrés Campoy Maldonado y Dolores Roda Maldonado, si en vez de ser el primer apellido fuera el segundo sería Maldonado Maldonado”.







Debo reconocer que en ese momento me quedé incrédulo, mucho es el tiempo que he dedicado a investigar la historia y origen de los molinos de Benínar y allí, delante de mí tenía historia viva de un molino.

“Pero bueno, yo estoy hablando contigo y no sé de qué familia eres… ¿Tú remaneces de Benínar también?” Me pregunta.

“Yo soy de la familia del Ebanista”… en ese momento cambió su cara adquiriendo confianza y tranquilidad, ya me había situado dentro del organigrama beninero. 

“Antonio, ¿Cómo era ese molino?”

“El molino era de mi padre que lo heredó del suyo, también las tierras que había alrededor.
Tenía una piedra de moler, el agua la cogía de la Acequia de la Vega que cogía el agua de la parte alta, cerca de Darrícal, era el molino que más agua tenía siempre, en verano subía la gente a llenar agua allí para llevársela para la casa, los animales…

Se vivía a gusto en el molino, si aquello existiera yo estaría por allí. En la puerta había naranjos, limones, limas, olivos, en los alrededores de parra y bancales para arriba, en verano daba gusto estar allí. En verano salía el agua por la puerta del molino, la acequia para abajo… yo llegaba cansado de la vega, en la puerta había un par de trancos, me sentaba allí y me quedaba frito.

El molino miraba de cara al sol, pero allí no entraba porque aparte del chambao de la portada, teníamos un emparrillao de parras hasta la salida del agua de uva blanca clarilla y molinera. De pequeño me bañaba en la acequia, me tiraba por arriba y salía por lo hondo, en el cubo del molino no me fiaba porque tenía una profundidad grande, era peligroso, hacia falta de que mi padre lo supiera de que había gente arriba bañándose porque si no a lo mejor venía poca agua y se la chupara, y sin darte cuenta estabas dentro del pozo aquel y te ibas metiendo para abajo, y no te enterabas y cuando querías echabas mano y no podías agarrarte. Sabiéndolo ellos no había problema, te bañabas tan a gusto.”

¿Cómo era el molino por dentro?

 “Tenía dos plantas, una nave al entrar con una chimenea, de las antiguas donde en invierno nos calentábamos todos y nada más subir unas escaleras estaba el molino y arriba había otras que subía a la planta de arriba que era donde teníamos la vivienda. El molino tenía un cubo que se llenaba con el agua de la acequia, con una compuerta que se abría desde dentro, tenía una llave que abría la compuerta y salía el agua con fuerza a parar a las aspas que llevaba el rodezno, aquello giraba y era lo que hacía moler.”







¿Qué se molía?

“Se molía trigo, cebada y maíz… pero no habas, para estas tenía que estar el molino preparado, es más gorda y no entraba. La piedra que había tenía unas picauras y aparte de estas llevaba una estría que por allí iba entrando el grano. La piedra cada cierto tiempo había que picarla, lo hacíamos nosotros mismos, hasta hace poco tiempo tenía en el dedo un trozo de metralla de una vez que piqué, saltó y se metió en la mano. Se le daba la vuelta y se hacía con una piqueta que acababa en fino se iba haciendo la figura. La piedra de abajo era plana. Se empezaba a picar del centro hacia la orilla, dejando uno sí y otro no, si tienes una hoja te hago un dibujo.”

“En el centro de la piedra había un vacio, aquí iba el eje que la hacía moler, esto era el agarre de la piedra, el eje bajaba para abajo donde estaban las turbinas con las aspas que la hacían moler…” Nos interrumpe el camarero preguntando que queríamos beber en la segunda ronda y la tapa.

A los pocos minutos Antonio continua, “cada golpe que se daba con la piqueta se hacía un pequeño hoyo, va de mayor a menor y en la siguiente hilera se picaba debajo de los hoyos de la anterior, de forma que la piedra no quedaba lisa. Se picaba según se molía, a más molienda más desgaste”.

¿Qué se cobraba por moler?

“Se llamaba la maquila, variaba según la cantidad, si era un costal tocaba más o menos un celemín. Si era grano fino se enrasaba con un palo redondo, si era grano gordo no se enrasaba el celemín ya que ocupaba más huecos el grano.” 







¿Iba gente de todos sitios a moler?

“Los del pueblo, también de Turón teníamos muchos clientes”

¿Cuándo dejó de moler?

“A poco de marcharme yo porque mis hermanos se fueron yendo. Éramos cinco hermanos, primero se fue Ángel, después mi hermana, Manuel… sobre el uno se iba el otro. Yo me fui en el 74, primero a Alemania donde estuve siete años y pico, entonces nos vinimos a Cataluña, no estaba la cosa muy bien, empecé a trabajar en las minas de Suria, que estaba un tío de mi mujer allí y estaba yo ya aburrido, donde sea me engancho. En la mina me dieron todas las categorías porque empecé de ayudante y terminé con la categoría de minero, me dieron un tractor con pala, alemana, con la que limpiaba las galerías, salía de culo e iba a los vaciaeros donde por debajo iban unas galerías con raíles y vagones, las cargaba.

Aquel pozo tenía unos 800 metros de profundidad, había dos ascensores que subían las personas y los vagones de mineral para vaciarlas. Allí estuve trabajando un año y pico nada más, cuando encontré otra cosa me marché.”

Volviendo al molino Antonio, ¿Cómo fue la época de la posguerra, que me puedes contar de la fiscalía?

“La fiscalía de tasas como la llamaban venían con un jeep y había quien avisaba corriendo antes de que llegaran al pueblo, primero entraban a los molinos que estaban en el río, a las almazaras… a veces como te pillaran… si tenías declarados 50 kilos de trigo y te pillaban 60, te los quitaban y encima te venía la multa. Muchos de Berja han cogido y han ido a caso hecho a avisarle a mi padre a decirle a qué hora pasaba la fiscalía y el mismo que nos avisaba nos ayudaba a sacar el material que teníamos de más a esconderlo en la vega hasta que se iban. Cuando menos te lo esperabas se presentaban, y anda que el jeep… ya lo conocían, apenas asomaba por el Collao…  aquello subía una montaña y no se enteraba… aquellos tiempos mejor que no vuelvan.

“También se pagaban los arbitrios, el cobrador del ayuntamiento era el alguacil, uno que llamaban “el Moñico”, llevaba una trompetilla. Recuerdo una vez que la tocó y dijo: por orden del señor alcalde, que se presenten hombres chicos y grandes en casa de Frasquito Díaz…”

¿Os robaron alguna vez?

“No, entonces dormíamos allí con la puerta abierta. La Guardia Civil iba todas las semanas, eran buenas personas, llenaban las alforjas y se iban llenos de naranjas y de todo lo que había allí, claro, los pobres se portaban bien. Dormían en la portada, donde teníamos las bestias, se liaban en los aparejos de las burras nuestras, se enroscaban y allí dormían.

“Aquello era el refugio de todos los que tenían un bancal en los alrededores, lo mismo de noche que de día, la puerta siempre estaba abierta, teníamos las cantareras llenas de agua de la Cañaroa, entonces los vecinos, Juan Sánchez… iban allí, bebían, se sentaban en el portal, se tendían al fresquito y de noche cuando iban a regar pasaban la noche, abrían la pará de agua porque se regaba a manto y ellos se iban allí a fumar el cigarrillo y pasar el rato, cuando el agua llegaba al final de la merga la cortaban y a otra.” 





¿Recuerdas alguna anécdota graciosa que te ocurriera en el molino en el molino?

Teníamos un rosal en la entrada que salía el tronco entre la salida del agua y la puerta, pillaba toda la pared del molino, eran rosas blancas. Llegaron una vez ocho o diez chicas jóvenes, de mi edad y mayorcillas, le piden rosas a mi padre y les dijo que se podían llevar todas las que quisieran pero que a cambio le tenían que dar un beso a mi Antonio, a mí. Las chicas estaban muertas de vergüenza pero es que yo tenía más todavía, me puse al rojo vivo, se fueron acercando una a una y me iban dando un beso. Una de las que iba era una prima hermana mía, hija de mi tío Eduardo, que decía que por un puñado de rosas ella no le daba un beso a nadie. ¡Pues te vas a ir sin rosas! le dijo mi padre, y se fue sin rosas aquel día. Todas me dieron un beso menos ella.”

¿Qué fue de aquello cuando os fuisteis?

“Allí se quedó todo, luego te enteras que el uno se llevó una cosa, el otro otra y aquello fue desapareciendo, los arreos, las romanas…”

“Si hubiera habido más unión de la que hubo entonces no se hubiera dejado perder Benínar, ¡Si lo quitan de allí pues que lo pongan en otro sitio con el mismo nombre!”

Eso mismo ocurrió en Canales (Güejar Sierra, Granada). Al terminar nuestro pantano comenzaron este e hicieron por encima del pantano casas y una iglesia para todos los que quisieron, algunos viven allí y la mayoría va los fines de semana y festivos.

Saludos Benínar.

Si quieres contar tu historia, puede escribirme a indaloxes@gmail.com y nos ponemos en contacto.




© Francisco Félix Maldonado Calvache.

viernes, 16 de marzo de 2018

El trono de Facundo

Merece la pena dedicar un poco de nuestro tiempo para recordar historias o anécdotas que palien la epidemia de Alzheirmer que azota a nuestros paisanos. Recordar es bueno, se ejercita la memoria y dejamos constancia para que futuras generaciones conozcan cómo fue la vida en ese pueblo tan querido que fue Benínar. Desde aquí os animo a recordar y si alguien desea hacerlo siempre estoy dispuesto a escuchar y a escribir lo que queráis contar.
Hoy el artículo versa sobre la casa Facundo Sánchez Quero. Lugar en el que mi familia veraneó durante cuatro años, el primero en 1971 y del que conservo algunos recuerdos a pesar de tener en esa época cuatro años.

Facundo Sánchez Quero

Todos conocemos a Facundo, algunos lo tratasteis, los demás de oídas. Hablo del que fue secretario del ayuntamiento de Benínar durante muchos años, quizás más de los que él querría. El 15 de marzo de 1903 es nombrado de forma interina, idas y venidas en el cargo tuvo según el alcalde de turno hasta que después de la Guerra Civil marchó a ocupar la plaza de secretario del ayuntamiento de Huetor Vega (Granada). Tuvo tres hijas (Loreto, Eugenia y Francisca) y un hijo (Facundo que casó con Lola Sánchez)... (Quien quiera saber más sobre su vida puede consultar la biografía en la revista Farua, número 15 del año 2012).

La casa quiso ser señorial, situada en lugar estratégico, al lado de la carretera, a la entrada del pueblo y por encima de las demás. Dos grandes palmeras la custodiaban y unos peldaños la elevaban de la calle, todavía es referente en cualquier foto de Benínar.
Al morir su dueño la dividió en dos partes, la planta de abajo la heredó Francisca y la de arriba para el hijo Facundo.
Al entrar en el recinto, había que subir unos escalones que daban acceso al rellano, allí te encontrabas dos puertas a ambos lados y una escalera al frente que subía a la planta de arriba. Por la puerta de la izquierda se entraba al salón, un par de habitaciones y la cocina al fondo. Recuerdo que había una habitación a la derecha de la cocina con grandes bidones para guardar el aceite que se utilizó en aquella casa. La puerta de la derecha daba acceso a varias habitaciones, una de ellas dedicada a dormitorio, las otras no les dábamos uso.

Juan Román y Ángeles eran los medianeros de Facundo, sucedieron en este trabajo a Pepe Román e Isabel Vitoria. La casa del portalillo era la de los medianeros, le tocó en herencia a la hija Eugenia, Ángeles y Juan tuvieron que comprarla para poder seguir viviendo en ella.
A comienzos de la década de los 70 mis padres la alquilaron, al principio para pasar el mes de agosto por el que pagó 500 pesetas y al final todo el año por 6000. Durante cuatro años pasamos ahí nuestras vacaciones. Aún recuerdo el cuadro con la imponente imagen de José, el hermano arcediano de la catedral de Granada que presidia el salón (aquel al que las beatas esperaban su llegada con sumo fervor para hacer cola delante del confesionario y expiar los pecados que aquellas bocas cometían), del sillón de madera tallada con asiento de cuero, de la hermosa mesa del salón y del tresillo, lujos que no eran habituales en la mayoría de las casas.


José Sánchez Quero

Al día siguiente de estar ahí mis intestinos pedían a gritos la evacuación de su contenido. Mi padre me dijo que lo acompañara, por unas escalerillas descendimos hasta debajo de la entrada, accedimos a un recinto que estaba lleno de telarañas, de innumerables y olvidados aperos de labranza. Por allí pasaba la acequia Real o de la Vega, en mi imaginación salían monstruos por todas partes. El primer sentimiento que tuve fue de miedo, después algo que vi despertó mi curiosidad. Al fondo, a la derecha un haz de luz ascendía del suelo y se reflejaba en el techo de cañas, ondas luminosas lo recorrían en un círculo perfecto con un movimiento hipnótico. Era como un faro que indicaba la situación del retrete.

Hecho de obra y con una tabla de madera de roble, con un agujero en el centro que protegía al real trasero del helor del cemento y que estaba situado estratégicamente encima de la acequia. Era el trono de Facundo.
Aquel lugar era ingenioso, limpio, incluso te podías lavar las posaderas, si había buen caudal, mientras la corriente alejaba como barquitos los restos digeridos del banquete anterior. ¡Y luego dicen los japoneses que han inventado un retrete con chorrito de agua que te lava las posaderas, eso ya lo inventamos los benineros hace 100 años!
Ahora me pregunto ¿Cuántos pensamientos, comentarios y apretones se habrían susurrado en aquel lugar? ¿Se rigió el destino de Benínar en aquel trono?


Las palmeras identifican el lugar donde estaba la casa


Aquella casa guardaba un secreto muy singular, al estallar la Guerra Civil Facundo tuvo que salir por piernas del pueblo, como miembro de Falange su vida peligraba. El día antes de marchar en su despacho hizo un agujero en la pared, guardó joyas y una bolsa de monedas de plata, con yeso la tapió y blanqueó. Pocos días después la casa fue ocupada por el “comité”, tuvieron un tesoro delante de sus narices durante tres años sin darse cuenta. Al regresar recuperó sus pertenencias y allí quedó la oquedad como testigo mudo del hecho. Esta historia se la contó Juan Román a mi padre hace 47 años.

Saludos.

viernes, 9 de febrero de 2018

La señorita Salud (Benínar 1915-1950)


María Salud Zabala Catena


Hoy hace 103 años nacía en Benínar una de sus hijas más queridas, una persona que dedicó su corta vida a la educación de las mujeres de su pueblo y a la que quiero homenajear con esta breve biografía. Hay un proverbio que dice “nadie es profeta en su tierra”,  María Salud al igual que Eugenio Sánchez Quero sí lo fueron.

La señorita Salud vio por primera vez la luz el 10 de febrero de 1915 en Benínar. Desde un principio destacó en los estudios. Su maestra Rosa Martín vio que tenía potencial y convenció a su padre para que estudiara magisterio en la Escuela Normal de Almería.


Terminó los estudios en 1934 con la calificación de sobresaliente. El 25 de enero de 1935 le dan la plaza de maestra interina en Benitagla (Almería). Destacaba por ser una mujer culta y muy religiosa.







Al comenzar la Guerra Civil quiere estar cerca de su pueblo y en 1937 consigue la plaza de maestra cursillista en la escuela mixta de Hirmes, por lo que fueron los hirmeros los primeros en apreciar el amor con la que esta mujer trataba a los niños.

Eran tiempos difíciles y la vida no fue fácil en Benínar. Unos huían de otros por su ideología. Los que se fueron dejaron allí sus pertenencias que fueron saqueadas por aquellos que componían “el comité”. Al acabar la contienda los huidos volvieron con mucho odio por el daño sufrido. Muchos padres e hijos sufrieron las consecuencias de este sinsentido. El miedo dominó Benínar muchos años.

En aquella época Benínar tenía tres escuelas, dos en el pueblo (una de niños y otra de niñas) y otra en Hirmes que era mixta (esta escuela estaba situada donde mi familia tiene la casa), así que niños y niñas compartían juegos y sabiduría.

Al terminar la guerra vuelve a Benitagla donde además ostenta el cargo de delegada local de la Sección Femenina. En 1944 es maestra en Benínar. En 1950 es delegada local de la Sección Femenina de la Junta Local de Instrucción Primaria de Benínar.

El 30 de julio de 1950, a los 35 años de edad fallecía en su casa. 







En su epitafio debería poner: “Fue querida y amada por todos por la bondad de su corazón que le hacía tan cariñosa para los suyos y afectuosa para cuantos la trataron”.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

La honradez de Dolores Prados

De vez en cuando en prensa, radio o televisión un titular nos hace fijar la vista, oído o ambos, “una persona ha encontrado una bolsa o cartera con dinero y la ha entregado a las autoridades…”
Este hecho de honradez suele ser noticia en los medios de comunicación, a unos pocos les llena de orgullo, a otros de envidia y a nadie deja indiferente ¿Qué nos diría nuestro Pepito Grillo en esa situación?

Corría el año 1901 en Benínar con el reloj parado, en el resto del mundo Guillermo Marconi realiza la primera transmisión y recepción transoceánica de ondas de radio, el presidente Norteamericano William McKinley es asesinado en la ciudad de Búfalo, el científico austriaco Karl Landsteiner clasifica los grupos sanguíneos en A, B, 0 y AB; se otorgan los primeros premios Nobel… noticias que eran sacadas del único periódico que llegaba al pueblo, la Crónica Meridional y que era leído en público, con voz alta y clara por su suscriptor, Facundo Sánchez Quero.

Periódico la Crónica Meridional

Facundo era el patito feo de la familia. Tenía dos hermanos practicando el noble arte de Hipócrates, otro rondando los designios de la catedral de Granada y él, que había vuelto de Granada con una mano delante y otra detrás, en vez de llevar estola y lucir tonsura, se dedicaba al hábil arte de la política. Leyendo y comentando las noticias del periódico llegaba al corazón de sus paisanos a través de sus mentes. De este modo logró su meta, ser secretario del ayuntamiento de Benínar y desde ese puesto intentar amoldar los destinos de Benínar a su conveniencia.
El poyo del Reducto al lado del ayuntamiento era su sitio preferido para sentarse, abrir el periódico y gustaba dejarse rodear de acólitos deseosos de saber lo que ocurría en las tierras habitadas más allá del Cejor, del Llano, de las Piedras de Alcolea o Meloncillos. Aquel día de octubre había más gente de lo normal, muchas caras nuevas y mentes por cultivar, todo debido a que nuestro pueblo por una vez en sus vidas era noticia en el periódico.
La voz de Facundo tronaba, se puso en pie y leía a sus paisanos:
 “Buena recompensa”.”Una infeliz mujer, Dolores Prados, encontrose días pasados en Benínar una cartera que contenía 600 pesetas en billetes del Banco de España. Enterada de que el dueño de aquella cartera era un tratante en pieles, que a la sazón se hallaba en el pueblo, la pobre mujer presentose en la posada haciendo entrega del hallazgo. El marchante, que ya había perdido la esperanza de recuperar las 600 pesetas, ante el rasgo de honradez de Dolores Prados la recompensó dándole… las gracias.”

Billete de 100 pesetas

Dolores era una buena mujer, temerosa de Dios y de corazón puro. En su devenir diario por las calles de Benínar encontró una cartera rebosante de billetes. Era la primera vez (y última) que veía tanto dinero. La primera reacción que tuvo fue la de meterla entre el corpiño y piel, mirar a ambos lados, atrás… y salir corriendo buscando un alma a la que confesar aquel descubrimiento.
600 pesetas hubieran dado mucho de sí. El alquiler de una casa costaba cuatro pesetas mensuales. Hubiera podido comprar una o un buen bancal que llenara la despensa de hortalizas. Tuvo que ser una decisión dura, difícil si se medita, sin duda influida por las palabras de Dios que aquel temeroso corazón escuchaban todos los domingos.
Nadie en el pueblo salía a la calle con tanto dinero en la cartera, debía de pertenecer a alguien de fuera.
Los de Benínar sabemos que cuando un forastero llegaba al pueblo se enteraba hasta San Roque, vidas y obras incluidas, no había mejor servicio de información que el de aquel pueblo.
Supongo que fue en la posada, en la que a posteriori regentara Frasquito, donde se presentó Dolores, con piernas temblorosas y voz quebradiza preguntando por aquel forastero, marchante de pieles de zorro, cabra u oveja, con una cartera con 600 pesetas en la mano y las gracias le dieron.

Saludos.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Presentación de la revista Farua en Granada

El pasado jueves los que vivimos en Granada pudimos disfrutar de la presentación del nuevo número de la revista Farua. El lugar de encuentro ha sido el Salón Capitular del ayuntamiento de Granada.


Ayuntamiento de Granada


Gracias al trabajo desinteresado de los miembros del Instituto de Estudios Virgitanos y de los autores podemos disfrutar, un año más, de la historia de nuestra tierra.


 Varios números de la revista


En el salón del ayuntamiento

Este año ha habido una novedad, los autores presentes en el acto expusieron su trabajo al público, dándole un toque dinámico.

Joaquín Gaona presentando su trabajo


Para los que vivimos fuera de nuestra tierra esperamos con ilusión todos los años un nuevo número de la revista lleno de artículos con los que poder disfrutar horas de lectura.

Después nos fuimos a tomar unas cervezas.


En la calle Navas tomando unas cervezas





Saludos.

lunes, 24 de julio de 2017

Benineros en la Corte del rey Alfonso XIII

Hoy quiero recordar un hecho que sucedió hace 113 años y que se perdió en la memoria de nuestros ancestros. Sólo he podido recuperar trozos uniendo retazos de la historia por escribir de nuestro pueblo.

Imaginemos Benínar en un puzle, cada pieza tiene nombre y apellidos, da igual viva en Barcelona o Berja, la distancia es lo de menos. Lo que importa es mantener completo ese puzle, continuar, transmitir nuestro pasado al futuro ya que poco a poco se van perdiendo piezas y hay que conseguir que otras rellenen ese vacío. Misión nuestra es sembrar la semilla de Benínar en nuestra prole para que con el abono de nuestros recuerdos germine y continúen nuestro legado.


Benínar en el primer tercio del siglo XX


Esta historia comienza así:

Corría los primeros días del mes de abril de 1904, era lunes, sobre las once de la mañana Bernardo el cartero bajaba por la Cuesta, había atravesado el Llano procedente de Berja y daba los primeros pasos por las calles del pueblo. Su mula llevaba en las alforjas la correspondencia de todos aquellos contornos. Al llegar a la casa de don Bernardo, el cura, recordaba cómo años atrás la chiquillería le rodeaba y preguntaba, con bocas melladas, si había alguna carta para su familia. Si así era, la sacaba de la alforja, leía el nombre y se la entregaba a la mano huesuda y nerviosa que se levantaba, al cogerla echaba a correr seguido de la pandilla en dirección al destinatario. Una nubecilla de polvo se levantaba detrás de los chiquillos, voces y gritos llenaban las calles del pueblo.

Ahora a Bernardo no lo rodean los chiquillos, están todos en el colegio aprendiendo a leer y escribir, y una vez aprendidos cuidando de la cabra o cogiendo leña para la casa o acarreando agua o… en resumen, realizando los trabajos que solían hacer los niños en Benínar.

Bajó por la calle Real y giró hacia la Iglesia, al llegar al ayuntamiento se encuentra en la puerta a Lorenzo, el secretario.

“Buenos día don Lorenzo, hay una carta para ustedes del Ayuntamiento de Almería”.

Lorenzo Fernández llevaba dos meses en el cargo de secretario del ayuntamiento de Benínar, había sustituido a Facundo Sánchez Quero que dimitió por “asuntos personales”. Qué excusa más tonta cuando todo el pueblo sabía de la enemistad política entre don Facundo y don Salvador Medina, el alcalde. Se retiró a la espera de tiempos mejores… que más pronto que tarde llegarían.

Al abrir el sobre le echó un vistazo y por inercia empezó a caminar en dirección a la casa del alcalde.
No todos los días se recibe una carta de la alcaldía de la capital de la provincia invitando a su igual, en un pueblo perdido de la Alpujarra, a la recepción que iba a dar a Su Majestad don Alfonso XIII con motivo de la visita que el Rey iba a efectuar el día 27 de susodicho mes.

La noticia corrió como la pólvora, en este ayuntamiento en sus sesenta y ocho años de historia no había sucedido nada parecido.

Alcalde, secretario y concejales peregrinaron a Berja en busca de un traje y sombrero para la ocasión. En Benínar se cosieron los arreglos a la velocidad de la luz, el tiempo apremiaba.

El día 24 de abril hay pleno en el ayuntamiento, nuestro alcalde había pasado muchos días preparando y repasando el discurso con el que quería dejar fe. Siete son las personas que tenía delante, parientes en su mayoría, aún así el temblor procedente de la emoción hacía agitar el papel como un abanico:

“…esta Corporación da cuenta de la invitación que hace el alcalde de Almería a esta alcaldía para que asista a la recepción que en honor de S.M. el Rey don Alfonso XIII, se celebrará en aquel ayuntamiento el 27 de abril y en vista de los conceptos expuestos en ella, la municipalidad como prueba de adhesión inquebrantable a la real persona de nuestro Augusto Monarca y a fin de que este pueblo tenga digna representación en los homenajes y respetos que se le tributen en aquella capital a nuestro joven soberano, se aprueba por unanimidad su asistencia.”

El último punto del día fue aprobar una partida de sesenta pesetas para los gastos de viaje y estancia.


Llegada del Rey al puerto de Almería


Alfonso XIII tenía 18 años cuando visitó Almería por primera vez. Al desembarcar en el puerto lo recibieron decenas de aduladores que utilizaban su cargo y posición social para aproximarse a su oído y susurrarle favores.

Todo estaba muy bien organizado. Empezaba con la recepción de autoridades en el ayuntamiento, visita a la catedral, la Escuela de Artes e Industrias, la Cruz Roja, la Barrilería de Juan Terriza y la inauguración del Cable Inglés.

Después de visitar el ayuntamiento de Almería, a las 11 de la mañana el rey visitó la Escuela de Artes e Industrias. Durante el curso académico 1903-04, al conocerse que el Rey Don Alfonso XIII visitaría Almería, la junta de profesores acordó solicitar su presencia y que por ese motivo se realizara una exposición de los trabajos que en ella se hacían para que fueran conocidos por el Rey y el público.





Se acordó decorar la fachada, las aulas y resto de dependencias por las que pasara la comitiva real, trabajo que harían los profesores y alumnos ya que el presupuesto era escaso.

Lo que se buscaba era que la Escuela fuera elevada a la categoría Superior de Artes Industriales.



El Cable Inglés


El cargadero de mineral de El Alquife de Almería, conocido como el Cable Inglés, fue construido entre 1902 y 1904 por la compañía The Alquife Mines, según el proyecto del ingeniero escocés John Ernest Harrison e inagurado por Alfonso XIII.



 Lagartijo chico



Quinito


Por la tarde estuvo en la plaza de toros viendo la corrida de los toreros Quinito y Lagartijo chico. Así relataban los periódicos la corrida:

“Media hora antes de comenzar las fiestas se hallaban todas las localidades ocupadas por gente ávida de presenciar las faenas de los diestros. La corrida estaba anunciada para las cuatro y media, pero con objeto de que Su Majestad pudiera asistir a ella, dio comienzo media hora antes.

El presidente se presenta en el palco, hay su correspondiente pitorreo, se hace la señal, aparecen las cuadrillas y estalla una salva de aplausos. El primero de los de Otaolaurrichi es berrendo.... estocada en todo lo alto, que hace cisco al bicho. Ovación al sevillano que estuvo valiente y demostró gran inteligencia.

El Rey se presenta en el palco regio y estalla una ovación.

La lidia se suspende por breves momentos. Don Alfonso saluda y el público prorrumpe en vivas de entusiasmo.

El de Otaola, mientras tanto, recibe seis picotazos de los de la calzona, los derriba otras tantas veces y acaba con la vida de dos potros... pasa el animal a manos de Lagartijo chico, que muletea cerca y valiente. A paso de banderillas coloca José una entera algo tendida. Ovación y su correspondiente oreja. Sale el Rey....Relampaguito que actúa de sobresaliente, coloca par y medio buenos (Palmas)... Del ganado ninguno de los seis con la edad reglamentaria... El presidente, sin haber comprendido aún lo que es una corrida de toros".



Paseo del Príncipe


Nuestros representantes llegaron el día de antes en diligencia. Almería era un hervidero de personas, nunca se había vista tantas y tan buenas telas por sus calles, en toda la ciudad no había una habitación libre donde alojarse …

Aquí termina este artículo, no dispongo de la documentación necesaria para completarlo. Si a algún Sánchez, Medina, Ruiz, Gallegos… sus abuelos le contaron esta historia, puede terminarla.

domingo, 7 de mayo de 2017

Está en ti

El pasado 27 de abril nuestra amiga Mercedes García Fenoy presentó su segundo poemario.

Los versos de “Está en ti” inundaron la Fontana, restaurante situado en la Carrera del Darro, al pie de la Alhambra. El suave ronroneo del agua del río hacía de coral a sus poemas.

Fue una presentación entre amigos. Mientras una atmósfera de cariño y amistad nos envolvía con su cálida voz, camareros con suave sonrisa nos cubrían las mesas de tapas para así tener doble deleite.

Impacientes estamos de una tercera entrega, que la musa te acompañe y la espera no sea larga.


Felicidades.











































FUERZA

Física, mental,

preferible es voluntad,

con ella conseguimos

aunar nuestra mente,

con la fuerza vital.