sábado, 18 de diciembre de 2010

El Murallón: historia de una fuente según las actas capitulares de Benínar (Almería, España)



Todas las civilizaciones han nacido a la orilla de un mar o río. El agua siempre ha estado acompañando al hombre a lo largo de la historia.
Desde la prehistoria los benineros bebieron el agua de su río, por decenas se contaron las epidemias y por centenares los muertos.


Cuando se necesitaba agua, se iba con el cántaro al río, si éste iba sucio se hacía un pequeño pozo en la arena, se dejaba que el agua filtrada lo inundase y se llenaba con una calabaza.

La costumbre de tirar los animales muertos al río y la falta de higiene en calles y casas, pasaban factura en forma de epidemias periódicamente. Famosa fue la de cólera de 1834 que coincidiendo con la segregación de Darrícal, se culpó a estos de haberla provocado, cuando la realidad era que Almería entera sufría esa plaga.

La plaga de cólera de 1834 mató al 8.8% de la población de Benínar, de 520 habitantes murieron 46. En la de 1885 fallecieron 20, menos de la mitad que 50 años antes, debido, en gran medida, a que Benínar ya tenía médico.

Fueron las nuevas leyes sanitarias y los consejos de nuestros médicos, entre ellos, Eugenio y Juan Sánchez Quero, los que atajaron esas malas costumbres higiénicas tan habituales en la época. Los animales se dejaron de arrojar al río, se llevaban a la Grajera, además se construyó un cementerio nuevo a las afueras del pueblo.

En Benínar había una gran paradoja, tenía agua en abundancia pero ésta no era potable. La del río no era fiable y la de las fuentecillas de los alrededores eran privadas y destinadas al riego. Hacía falta una fuente en el pueblo.

El 14 de agosto de 1904, siendo alcalde don Salvador Medina Sánchez se reunió el pleno del ayuntamiento a las doce de la mañana en el salón de sesiones de la Casa Capitular. El segundo teniente alcalde, don Francisco Medina Sánchez pidió la palabra y expuso: “que haciéndose eco de la aspiración constante de este vecindario, tiene que traer hoy al conocimiento de la Corporación una necesidad que es bien sentida y que urge que se tenga en cuenta para ver de lograr su atención en la forma que corresponda. Se trata de la posición que tienen estos vecinos de que se construya una fuente pública en lugar céntrico del pueblo para el abastecimiento de agua potable con que puedan surtirse los mismos, precisión que es tanto más de notar cuanto que no existe ninguna fuente, dando con ello lugar a que con perjuicio manifiesto de todos se tenga que acudir a proveerse del imprescindible líquido unas veces al río y otras a lugares distantes en grado máximo del centro de éste lugar.
Y con ser esto lamentable por la expresada circunstancia, es además peligroso para la salud por las malas condiciones en que se beben las únicas aguas que hay facilidad de adquirir, lo cual hace que presente hondamente la expresada circunstancia.
En tal virtud, el que habla, entiende que debe procurarse el medio de conseguir la construcción de la fuente que se desea, previos a los requisitos pertinentes y el estudio del sitio de que sea más fácil derivarla para lograr la satisfacción de este deseo ya citado”.

La Corporación “se enteró de lo manifestado por el señor Medina Sánchez, discutió ampliamente el particular y acordó preocuparse de este deseo de vecindario para subvenir a él en la forma que sea procedente, disponiendo volver a tratar de este importante asunto en cuanto se haya discurrido sobre el mismo con la meditación que reclama su resolución”.

El 17 de diciembre de 1904 el segundo teniente de alcalde, manifestó “que dada la necesidad que el vecindario siente por la pronta construcción de la fuente que ha de surtir de agua potable a la población, creía conveniente se gestionase por el municipio el pronto despacho del presupuesto ordinario para el próximo año, ya que es la base de los trabajos y, en su virtud, que proponía a la Corporación se autorizase a persona interesada para que fuera a la capital. El ayuntamiento, teniendo en consideración lo avanzado del tiempo y que es de gran utilidad comenzar los trabajos de encauzar las aguas que han de abastecer la población se acordó, previa la conformidad del interesado, que por el teniente alcalde proponente, se hiciesen las gestiones necesarias a lograr aquel fin y que para retribuir los gastos que le origine el viaje, se libre por el señor alcalde ordenador, cuando el estado de fondos lo permitan la cantidad de cincuenta pesetas con cargo al capítulo 11 imprevistos del presupuesto corriente”.

El 21 de enero de 1905 se acordó por la municipalidad “dar un voto de confianza al alcalde para que se gestionara el pronto comienzo de los trabajos y para que, en unión de peritos se observara el sitio más conveniente de donde han de traerse las aguas”.

El agua debía proceder de una mina excavada en la tierra y debía estar en sitio público o tierras comunales pertenecientes al ayuntamiento.
Después de diversos estudios visuales se vio que el sitio más idóneo para hacer la mina era en el lugar conocido como el Murallón.

El día tres de junio de 1905 se dio orden para que “a don Francisco Sánchez se satisfaga como encargado de las obras de la fuente en construcción 214,65 pesetas por jornales, herramientas, dinamita, cefre (mecha, en el argot de las caleras) y fulminantes para barrenos, dadas en la mina abierta para alumbrar aguas que han de abastecer a la población según cuenta que presentó y que fue aprobada”.

El 16 de diciembre de 1905 “para que la construcción de la fuente fuera más rápida o más breves los trabajos, se ha conseguido que el molinero don José María Sánchez Sánchez paralizara la molienda cortando el agua que discurre por el car y que le sirve de fuerza para su industria. Que este hecho, de gran importancia por el beneficio que hace a la brevedad de los trabajos puesto que la cañería se está construyendo por el mismo car, con lo cual se evitan muchos metros de tubería. Esto trae muchos perjuicios al molinero porque en estos días próximos a la festividad de la Pascua los ingresos de esta industria se le aumentan considerablemente y, será indemnizado de estas pérdidas con la cantidad de ciento sesenta pesetas.
También se acuerda indemnizar a Antonio Sánchez López de los perjuicios originados a una finca de su propiedad por donde pasa la tubería de la fuente con la cantidad de 50 pesetas y a Antonio Martín Rodríguez, como representante de don Emilio Guillén Moratalla y a don Juan Martín Rodríguez, por igual concepto de indemnización, con la suma de 13,56 pesetas a cada uno”.



Antígua tubería

El cuatro de agosto de 1908, “se paga a Aniceto Vargas Sánchez cinco pesetas por reparaciones en la fuente pública”.

El 25 de agosto de 1906, “se abona a don Pedro Lara, de Berja, el importe de 7,50 pesetas por seis arrobas de porcelana para la reedificación de la fuente.
A Antonio Sánchez López como indemnización por los daños que le puedan causar en una finca de su propiedad por los trabajos en la referida fuente, 15,60 pesetas.
A José María Sánchez Sánchez por los perjuicios en el molino, 30 pesetas”.

El 22 de diciembre de 1906 “pago a Aniceto Vargas Sanchez por su trabajo personal en el arreglo de las cañerías de la fuente pública, 25 pesetas”.

El 29 de diciembre de 1906 “pago de 16 pesetas a Antonio Rincón Fernández por su trabajo personal como maestro albañil de cuatro días y medio invertidos en el arreglo de la fuente pública”. Como curiosidad, en 1906 un maestro albañil cobraba unas tres pesetas por una jornada de trabajo en Benínar.

El 9 de febrero de 1907 “con motivo de las lluvias, la parte de calle donde está la fuente pública había sufrido grandes desperfectos, los cuales hacían temer la ruptura de las cañerías que conducen el agua de la fuente y que procedía su evitación de mayores perjuicios arreglar el piso en cuestión de la calle lo antes posible”.

El 20 de julio de 1907, “pago de 5,50 pesetas a Pedro Lara Garzón por un quintal de porcelana para el arreglo de la fuente”.

Podemos observar que en ningún momento se la llama fuente del Murallón, esto es porque sólo había una. Años después, al donar el canónigo de la catedral de Granada José Sánchez Quero su parte de la fuente de la Cañaroa al pueblo de Benínar para beber se la denominó “del Murallón” porque de ahí venía su agua.

El 7 de febrero de 1908, “la fuente pública ha sufrido deterioro cortándose la tubería por las avenidas del río y se hace preciso su recomposición. El maestro albañil y el oficial han intervenido diez días y medio de trabajo en la reconstrucción y se han gastado cuatro quintales de porcelana y cinco caices de cal así como 65 tubos de barro.
Se paga a Antonio Rincón Fernández, maestro albañil 31,50 pesetas por el trabajo personal en la recomposición de la fuente, que se le debe desde el año anterior, a Aniceto Vargas Sánchez se le paga 18,37 pesetas por el mismo concepto.
A Gabriel Arqueros, de Berja, se le paga 13 pesetas por 65 tubos facilitados para la bañería de la fuente.
A Julio Faura, de Berja, 22 pesetas por cuatro quintales de porcelana.
A Juan Sánchez Rincón 17,50 pesetas por cinco caices de cal.
A Ángel Román Sánchez 3,60 pesetas por seis libras de aceite invertidos en las juntas de los tubos”.

El 6 de junio de 1908 “con motivo de las lluvias y avenidas del río había infringido desperfectos a la tubería de la fuente pública y que encontrándose el verano tan cerca y siendo tan necesaria el agua de la fuente, se hace preciso su pronto arreglo”.

Esta fue una constante a lo largo de los años, cada vez que salía el río rompía las tuberías y había que arreglarlas.

La primera ubicación de la fuente fue en la esquina de la calle Real con la Ramblilla, pero debido a los desperfectos causados por las avenidas del río y rambla se cambió al Murallón y años después, al poner tuberías de plomo, se colocó en la Ramblilla (tal como se ve en la foto).

Toda gran obra tiene su sacrificio en vidas humanas, en la mina falleció Antonio Sánchez Sánchez, de Rosalía.


Quiero agradecer la colaboración que he tenido para la realización de este artículo de Paco Ramón Sánchez Maldonado y Pedro Medina Molina.

(c) Francisco Félix Maldonado Calvache. En Granada a 18 de diciembre de 2010.

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