miércoles, 29 de mayo de 2013

El almez

 

Almez que da nombre al cortijo


 
 
I
Junto a este mismo almez, a «Rosa» un día
hice votos de amarla eternamente.
Se está oyendo, en el aire todavía
de mi acento el rumor.
¿Por qué siento, mis votos olvidados,
esclavo de otra fe, nuevos ardores?
Pasa el tiempo de amar y ser amados,
mas no pasa el amor.

II
Otro día, a «Rosaura» encantadora
al pie del mismo almez juré lo mismo,
y recuerdo que entonces, como ahora,
cantaba un ruiseñor.
Pasó el tiempo, y los nuevos ruiseñores
vinieron a cantar a otra hermosura;
porque se van amados y amadores,
pero queda el amor.

III
Después, al pie de este árbol, he sentido,
extático mirando a «Rosalía»,
momentos de emoción, en que he perdido
para siempre el color.
¡Ay! ¿Pasarán, como pasaron antes,
si no el amor, las almas que lo sienten?
¡Sí, que es siempre, siendo otros los amantes,
uno mismo el autor!

IV
Almez, a cuyo pie tanto he adorado,
de amores que aun vendrán, altar querido,
que enciendes, recordando mi pasado,
de mi sangre el ardor...
tu morirás, cual muere nuestra llama,
y otro árbol nacerá de tu semilla,
porque, aunque es tan fugaz todo lo que ama,
es eterno el amor.

V
Y cuando el mundo, al fin, sea extinguido
y se oiga en las regiones estrelladas
del orbe entero el último crujido
en inmenso fragor,
Dios, de nuevo la nada bendiciendo,
de ella hará otros almeces y otros mundos,
e irá un hervor universal diciendo:
-¡Amor!, ¡amor!, ¡amor!...
 
Ramón de Campoamor
 
 
 Majestuoso almez



Su copa
 
 

El amigo Pepe en su interior
 
 

¡Cuánta historia ha visto pasar bajo sus hojas!
 
 

En el interior de su tronco. Vista hacia arriba
 
 

 En el interior de su tronco. Vista hacia abajo



 Acariciando su tronco



Ahí posó mi bisabuelo 100 años atrás
 
 

Majestuoso
 
 
 
 


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