miércoles, 29 de abril de 2009

La batalla de Berja

Cuando viajas por el mundo y dices que eres de la Alpujarra siempre hay alguien que evoca viejos tiempos con un aire romántico y poético que esta tierra nunca ha tenido.
La época de la rebelión de los moriscos es la más conocida y estudiada, debo decir que gracias a la sublevación, hoy en día disponemos de abundante documentación escrita para hacernos una idea de cómo era la vida y las gentes en aquella época.
Uno de los hechos más importantes de la guerra sucedió en Berja, la batalla que allí se dio y que hoy en día lleva su nombre.

A primeros de junio de 1569 el Marqués de los Vélez a la cabeza de su ejército y procedente de Laujar acampó en Berja. Aben Humeya, cabecilla de la rebelión, interpretó como retirada este movimiento del marqués, reunió a su ejército (cinco mil hombres, tres mil ballesteros y arcabuceros y dos mil piqueros según unos cronistas y diez mil según otros) y fue en su persecución. El marqués, avisado por sus espías de lo que preparaba Aben Humeya dispuso a sus hombres esa noche para la batalla. En la plaza Vieja estableció su cuartel general y en torno a esta situó a su ejército: las compañías de Lorca por la Mohana y el camino de Dalías, las de Murcia en la calle del Olivar, entre la fuente Toro y Pago y en el camino que subía de Adra por Río Chico, otras compañías en la calle del Agua guardando las entradas de las calles que venían de Julbina, otras en el Picadero, la calle de Alcántara, el camino de Alcaudique, la Carrera de los Caballos… El marqués se quedó en la plaza con la caballería.

Aben Humeya que había salido aquella tarde de Ugíjar con sus hombres, llegó a Berja de madrugada, puso su puesto de mando en el Humilladero y atacó por tres lados, por Julbina, por el camino de Dalías y por la calle del Agua, con orden de llegar cuanto antes a la plaza donde se encontraba el marqués para capturarlo o matarlo. Iban los moriscos con las camisas puestas sobre sus sayos para conocerse en la oscuridad acompañados por cuatrocientos berberiscos recién llegados de África coronados con guirnaldas de flores porque habían jurado vencer o morir en la batalla (eran los muxehedines, que quiere decir mártires por la ley de Mahoma).

Los primeros en atacar fueron los que venían por el camino de Dalías, entraron por la calle de la Iglesia haciéndoles frente el capitán Barrionuevo que pudo contenerlos a pesar de que parte de sus hombres huyeron presos de terror. Los que entraron por la calle del Agua fueron recibidos por los arcabuceros del capitán Gualtero que, estaban parapetados en puertas y ventanas e hicieron en ellos gran mortandad. En la Carrera se libraba mientras un duro combate con los que venían de Julbina. No atacaron por la Fuente Toro.

Aben Humeya enviaba sucesivas oleadas de su ejército intentando conquistar las calles del pueblo porque sabía que en campo abierto no tenía nada que hacer contra la caballería cristiana. En la calle del Agua las descargas de arcabuces se sucedían sin interrupción, las cónicas decían: “era tanta la humareda de la pólvora que no se podían divisar bien los unos a los otros”. Las tropas apostadas en Fuente Toro y la caballería lanzaron un contraataque que hizo replegarse a los moriscos y huir en desbandada lo que enardeció los ánimos de los soldados, redoblaron su furia y la matanza de moriscos en huida se hizo general.

Después de la batalla el paisaje era horrendo, calles llenas de cadáveres, lamentos de los heridos. Murieron en esta batalla mil quinientos moriscos, perdieron diez banderas y muchos bagajes y bastimentos. Del lado cristiano, murieron veintidós infantes y dos escuderos, otros muchos resultaron heridos. Ordenó el marqués a la compañía de manchegos que había abandonado al capitán Barrionuevo y, se había refugiado en la torre de la iglesia, recogieran y quemaran los cadáveres de los moriscos, para que con ese trato les fueran perdiendo el miedo. Quemaron mil cuatrocientos noventa y cuatro. Después ordenó el marqués enterrar a sus muertos en la iglesia de Berja con todos los honores.

A partir de esta derrota Aben Humeya fue perdiendo su liderazgo acabando asesinado por los suyos.

Esto que acabo de contar sucedió hace 439 años, todavía se conservan los nombres de aquellas calles, fuente y caminos en Berja, cada vez que los visito me viene a la mente este capítulo de nuestra historia.

Desgraciadamente, este episodio, que cambió la historia de la Alpujarra, es poco conocido, a pesar de su gran importancia histórica, tan desconocido que muchos virgitanos que a diario pasean por sus calles nunca han oído hablar de ello.

Saludos.

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