viernes, 8 de febrero de 2013

Apicultura

Define nuestro gran diccionario, el de la Real Academia de la Lengua Española, a la apicultura como el arte de criar abejas para aprovechar sus productos.

El hombre, antes de aprender a leer y escribir ya dominaba el arte de cómo sacar provecho a unos insectos tan beneficiosos para la agricultura como son las abejas. Por una parte su miel, desde que la memoria existe, ha endulzado nuestros paladares y como somos golosos por naturaleza, las cuidamos y protegemos para robarles el fruto de su trabajo, por otro, su cera, que nos ha iluminado durante tantos siglos (y lo digo con doble sentido).

Hace años, en mi etapa de aprendiz, al lado del badén que hacía la carretera de Benínar con la ramblilla, en los olivos de Paco Blanco, vi un pájaro que llenó mi retina de intensos colores, tanto que aún conservo esa imagen grabada en mi memoria, algo tan bello debía tener un nombre.

En Benínar (Almería) era frecuente tomar el fresco en la puerta de las casas las noches de verano. Para tal efecto se colocaban unos troncos en ciertas calles, sitios estratégicos, lugares donde el aire corría con total libertad. Uno de ellos era donde la calle Ancha se unía con la Real.

No había mejor lugar en todo Benínar que aquellos palos para escuchar historias, allí los cazadores daban rienda suelta a su imaginación y contaban con todo lujo de detalles y ademanes cómo el perro levantaba al conejo agazapado en la atocha, cómo se le apuntaba, disparaba y caía dando tres, cuatro e incluso cinco vueltas de campana. Allí, un servidor, se ilustraba y recogía en su memoria tales explicaciones cuyas palabras aún recuerdo. Así me enteré que ese pájaro se llamaba abejaruco y que según Frasquito “el albañil” era muy dañino ya que comía abejas y una bandada de tales aves era capaz de arruinar una colmena.

Abejarucos

En 1752 en Benínar había ocho colmenas que eran propiedad de Cristóbal Callejón y Luis Gutiérrez. No representaba una actividad importante en la economía local y su producción era fundamentalmente para la elaboración de dulces.

En aquella época las colmenas se hacían de carrizo. Los materiales usados eran:

-Madera, que debía ser flexible, por ejemplo de álamo. Con ella se hacían tres aros que iban en el interior.

-Caña. Tres medias cañas por colmena.

-Esparto. Se cogía en la menguante de agosto, se hacían manojos y se dejaban secar unos días. Después se metían 21 días en agua, se sacaban y majaban con un mazo de madera de encina o de olivo. De esta forma las fibras del esparto se separaban y éste era más flexible y maleable. Se hacían tres cuerdas usando seis espartos en cada una, se trenzaban de 2:2:2.

-Carrizo. Unos 100 por colmena.

El carrizo se iba colocando sobre los aros por fuera, se añadía la caña encima y se iba atando todo con la cuerda de esparto. Una vez acabada nos queda un tambor abierto por sus dos lados, en uno de ellos se le hace una tapadera con cañizo.

Después se atravesaba la colmena con unos cañizos quedando en forma de cruz que será donde se fije el panal.


Haciendo una colmena
Una vez terminada la colmena se recubría con una mezcla de arcilla y mierda de vaca (o de burro), así se tapaban todos los agujeros y se protegía a la colmena del frio y de otros peligros. El lateral que quedaba sin cubrir era el que pegaba al suelo y se le hacía un agujero por abajo para que las abejas puedan entrar y salir. Se le colocaba una piedra plana grande encima para protegerla de la lluvia y viento.

El enjambrazón consiste en buscar una reina para introducirla en la nueva colmena. Podía cogerse de colmenas silvestres o de propias. Cuando se oía que había una silvestre, se la ahumaba, buscaba la reina y se metía en el nuevo panal, las obreras siempre siguen a la reina.

Las colmenas sufrían trashumancia según la floración de las especies vegetales, por la noche, cuando las abejas están recogidas se tapa la parte inferior con una tapa hecha de esparto llamada “tajilla” y a la mañana siguiente se subían en las caballerías (de cuatro a seis) y se transportaban.


Trashumancia

En verano es cuando se castraban las colmenas (se recogía la miel).


Castrado de la colmena

Los panales se echaban en una tina y se machacaban con un palo para liberar la miel, luego se echaba sobre un filtro metálico y durante tres días se dejaba escurrir. Abajo se recogía la miel y arriba quedaba la cera e impurezas.


Destilando la miel

Lo que quedaba sin filtrar se lavaba con agua caliente para recuperar la miel que no había filtrado y esto se aprovechaba para hacer la meloja.

Preparando la meloja

¿Cómo se hacía la meloja? En una olla se echa el agua de antes, se le añade un poco de miel y trozos de calabaza, se deja cocer unas 4 horas a fuego lento y removiendo. Es uno de los postres más tradicionales de Lanjarón.

En los Meloncillos existe la cueva del Enjambre que está situada en el cerro Bastián. En los años veinte del siglo pasado los zagales de Benínar iban allí a recoger la miel que caía de un enjambre que había en una grieta existente en el techo de la cueva.

Antonio Rincón, Pepe Roda, Aurelio Maldonado (padre), entre otros, tuvieron colmenas en Benínar. Incluso mi abuelo tuvo una en el terrado del gallinero de su casa durante varios años. En 1945 apareció un enjambre en el bancal de naranjos que había al lado de dónde vivía, entre Antonio Rincón y él hicieron una colmena de cañizo, metieron dentro el enjambre y para evitar que la abeja reina se fuera le cortaron las alas.

Apicultores en Lanjarón (Granada)



Este artículo lo quiero dedicar a la memoria de un beninero, a José Álvarez Martín, el último apicultor que tuvo Benínar.

Saludos.

viernes, 1 de febrero de 2013

Recetas alpujarreñas III. Las migas

Se pueden comer, degustar o saborear unas migas, la diferencia está en la mano del que las hace y en la boca del que las come.


Tapa de migas en Almería



Las hay de varios tipos de harina o de pan, unos prefieren las primeras, otros las segundas, como gustos hay colores. Cada cual que las haga como guste o sepa, yo voy a dar mi receta que es con harina de sémola.
Lo primero que hay que tener es una sartén con suficiente espacio para poder menearlas sin que se salgan de ella.
Ingredientes:
-Harina de sémola: 1 vaso por persona.
-Agua: 1 vaso por persona.
-Aceite.
-Ajo: cuatro o cinco dientes.
-Sal.
-Acompañantes: pimientos, chorizo, morcilla, bacalao, tocino, carne, sardinas, gazpacho...
La medida es un vaso de harina y de agua por persona.
Ponemos la sartén en el fuego con un chorreón de aceite, cortamos los dientes de ajo por la mitad y los freímos con cuidado hasta que estén dorados, que no se quemen porque darían amargor. Yo no retiro los ajos, los dejo en la sartén.
Añadimos el agua, por ejemplo 2 vasos (medio litro), la sal y esperamos a que rompa a hervir, cuando lo haga añadimos la harina (dos vasos) poco a poco y removiendo. Le bajamos el fuego a la mitad. Ahora toca remover la masa hasta que se suelte. En menos de diez minutos estarán hechas.
El problema de las migas es que si te pasas con el agua estarás dos horas meneándolas hasta que se evapore y si para corregir el exceso le añades más harina saldrán duras.
Recuerda, la proporción es 1 vaso de harina : 1 vaso de agua por persona.
En Benínar se decía que las migas estaban “cuando se abrían en flor”, con la rasera las cogemos y al voltearlas caen sueltas.
Era la única comida que sabían hacer los hombres ya que se hacía en la siega, cuando se iba de caza, a coger almendra…
Que aproveche.

sábado, 19 de enero de 2013

Recetas alpujarreñas II. Piñata


Piñata. Fotografía de http://www.cocinaconana.com


Otra receta típica alpujarreña para recordar y llevar a nuestra mesa.

Ingredientes para 4 raciones:

-Longaniza (si es de Berja, mejor).
-1 Tomate.
-3 Pimientos pequeños.
-1 Cebolla mediana.
-2 Patatas.
-150 gramos de Figüelos o judías verdes.
-Ajo.
-Azafrán.
-Sal.
-Aceite de oliva.

Se hace un sofrito con la longaniza, pimientos, cebolla, ajo y tomate. En una cazuela aparte, se ponen a cocer los figüelos (tiernos) con las patatas troceadas como para tortilla pero un poco más gorditas, con sal y azafrán.

Una vez cocidas, se le añade todo el sofrito que hemos preparado anteriormente, 10 minutos hirviendo y "a comer".


En caso de no tener figüelos, porque no siempre hay, se hace también con judías verdes y está de lujo. También se le puede añadir calabaza, berenjena y arroz.

Nota. Los figüelos son un tipo de judía.
 
Esta receta la escribió La italiana en Foro-Ciudad.com

Saludos.
 

lunes, 14 de enero de 2013

Recetas alpujarreñas I

Tarbinas


 
 
 
 
 
Ingredientes.

 
• Harina fina de trigo
• Agua (1/2 litro más o menos)
• Una pizca de sal
• 1 cucharada pequeña de matalauva
• Trocitos de pan frito
• Un poco de azúcar para espolvorear
 
Elaboración
 
En una cazuela de barro con un poco de aceite se fríen unos cuadraditos de pan hasta dorarlos, se reservan, echamos el agua y una pizca de sal. Cuando empiece a hervir se le añade la harina moviendo con una cuchara de madera hasta que se formen unas gachas blandas y sin grumos. La matalahúva se le añade mientras se remueve.
En vez de agua también se pueden hacer con leche.
 
Receta de Benínar, así se hacía según una beninera, "la italiana" (recogida de Foro-ciudad.com):
 
Se pone aceite de oliva en una sartén, cuando está tostado, pero sin quemarse, se le añade agua y un poco de sal. En el momento que empiece a hervir, se le va echando harina de trigo poco a poco y a fuego lento, que la harina no se haga grumos.
Se dejan blandas más o menos como las gachas; cuando hace fumm! y quiere abrirse el agujero por donde escapa el fumm!, ya está cocida la masa.
Ponemos en otra sartén almendras partidas para freírlas y unos trocitos de pan a daditos también fritos, aprovechar el pan del día anterior que no absorbe tanto aceite. Se mezcla todo y lo espolvoreamos con azúcar cada uno a su gusto. Listas para comer. A mí me gusta comérmelas en la misma sartén donde las he mezclado.
En algunos pueblos se le añade miel de caña.
Que aproveche.

viernes, 28 de diciembre de 2012

...y el cometa Halley llegó a Benínar


Cuentan los mayores que haciendo obra en una casa de Benínar, al picar en una pared apareció un hueco. De allí se extrajo un libro que tenía dos tipos de escritura, una en árabe y la otra en un castellano muy diferente al actual. Este manuscrito ha pasado de generación en generación, de mano en mano hasta las mías.


Libro de Aadil
 
El libro es extenso, de quinientas páginas, sus pastas son de cuero de oveja curtido, relieves de flores y hojas de papel cosidas a mano con hilo de oro. En su primera página comienza así, soy Aadil, hijo de Yusuf, nieto de Omar, bisnieto de Muley Ibn-Annaar, mi apellido da nombre al lugar que los cristianos llaman Benínar…

El libro cuenta la vida de Aadil Ibn-Annaar, el último morisco de Benínar.
 

…Corría el año 1607 y la noche se iluminó en el cielo de Benínar.  Era 18 de febrero y Juan se calentaba frente al fuego de la chimenea. Estaba cenando el conejo que había atrapado en uno de los mojones que levantaron sus antepasados para delimitar las tierras que un día fueron suyas, a su lado yacía la cimitarra que un día le entregó su padre y que llevaba escondida tantos años que la herrumbre se había comido el brillo.

A Juan, sus vecinos lo llamaban en secreto Aadil, el justo, y era descendiente de moriscos. Su linaje se perdía en las antiguas tribus béticas que poblaron esta Alpujarra. Sus antepasados pasaron de ser paganos a cristianos, luego musulmanes y ahora, de nuevo cristianos. Cada vez que llegaba un conquistador había que adorar a nuevos dioses. Sus abuelos fueron los primeros bautizados en el río de Benínar allá por el 1500 y desde entonces los llamaban moriscos. Él lo fue con el nombre de Juan de Válor hacía ya 76 años.
Mientras sus huesudas y temblorosas manos removían los rescoldos de la madera quemada sus pensamientos retrocedían en el tiempo, recordaba cuando su padre le contó que el día de su nacimiento, en 1531, un rayo de luz apareció en el cielo y ahí se mantuvo durante días.
 -Una señal de Alá- le decía con orgullo cada vez que contaba la historia.
-Tú, hijo mío has sido bendecido, vivirás grandes acontecimientos -
Esa misma luz en el cielo había vuelto a aparecer.
 
 El cometa Halley
Aadil fue alfaquí (juez) de musulmán y lacayo como cristiano. Su palabra y consejo era muy respetado entre su gente, al que consideraban persona justa y muy versada e instruida en leyes. Después de la guerra lo exiliaron con los suyos a Toledo. Poco tiempo después le propusieron regresar a cambio de información, debía contarles a sus nuevos amos como estaba repartida la tierra en la Alpujarra, en su querida Benínar.
El retorno fue duro, en el camino perdió a su amada Yasmin Había bebido el agua de una charca y murió de fiebres. Con sus manos desnudas cavó la tumba que la arroparía, de sus ojos no salió ni una lagrima de dolor, sólo de odio.
 
  Moriscos
Durante semanas acompañó al licenciado Alonso de Frías. Por aquel valle subían y bajaban montañas, todas las respuestas que daba a las preguntas que le hacían eran escritas en un libro al que llamaban de apeo. Ese Alonso era un hombre de pequeña estatura, flacucho, que usaba una especie de lentes cuando leía o escribía, era inteligente, locuaz. Tenía muy buena caligrafía y eso que escribía encima de un burro, lo malo es que olía igual que un cerdo ya que no era costumbre entre los cristianos el aseo diario y menos el uso de baños públicos.

El tiempo hace amigos o enemigos a los hombres, lo primero fue su caso. Alonso iba recogiendo y guardando todos los manuscritos que encontraba abandonados en los pueblos vacíos por los que pasaba, no sabía leer el árabe y en Aadil encontró a quien se los pudiera traducir. Juntos, en el silencio de la noche disfrutaban con la filosofía de Averroes, de los poemas de  Ibn Zaydun… 

-Este cristiano es un gran admirador de la belleza, cantor de la naturaleza y del placer, sus ojos chisporrotean ávidos de conocimiento cuando empieza a escuchar- así lo describe en el manuscrito.
El día que salieron en dirección a las Lomas iban solos, los dos soldados que siempre los acompañaban estaban enfermos y se quedaron en el pueblo. Alonso miraba los campos baldíos, los árboles secos, le preguntó a su compañero la causa de tanto odio, el porqué de una convivencia que había terminado en un baño de sangre.
 
Recuerdo la primera vez que vi a un cristiano –le dijo Aadil-, venía a caballo río arriba seguido de otros muchos al grito de ¡Santiago y cierra, España!, espadas en alto segando las cabezas de mis pobres vecinos que habían ido con sus cántaros por agua. Después trajeron sus ídolos y los metieron en nuestra mezquita. Al que más adoraban era a uno que llamáis san Roque del que se dice es muy milagroso y gustaban las gentes tocar su imagen a modo de talismán. Después nos prohibieron nuestra lengua, nuestras costumbres, nuestra ropa. Sólo éramos apreciados por la seda, cumplidos que se terminaban al pagar la alcabala...
 
Al caer la tarde, de regreso al pueblo se enteró que allí había estado Torrijos, ese cura morisco traidor al que no le tembló el pulso cuando vendió a su gente. Por un lado aconsejaba a los cabecillas de la rebelión, del otro los delataba a los capitanes cristianos. Había venido a llevarse la tajada de su traición. Con el acetre rociaba de agua bendita las paredes y suelos de la mezquita, reconvertida en iglesia, para ahuyentar los demonios que decía allí habitaban.

 
 
 Repoblación
 
 
Alonso de Frías terminó su trabajo, antes de irse le regaló un libro con páginas en blanco que le había sobrado y se marchó. Allí quedó Aadil solo, en medio de un pueblo fantasma. Pasaron los meses y el lugar se iba llenando de cristianos. Los primeros en llegar fueron los Vitoria, después los Martín, Rodríguez, López…venían con sus escasas pertenencias a empezar una nueva vida. A él lo tomaron como cristiano viejo que sobrevivió a la matanza, además ¿A quién le importa un viejo?

Los años pasaron y llegamos a aquella noche, la de 1607 en la que una luz brillaba en el cielo de Benínar. Esa mañana su excelencia el señor canónigo de la Catedral de Granada, don Francisco Torrijos ofició la misa en la iglesia de Benínar, había venido a cobrar las rentas de su cortijo, el del Canónigo y demás tierras. Al ver a su antiguo vecino lo reconoció y sonrió, llevaba años soñando con el oro que escondieron sus feligreses antes de ser expulsados. Ese oro le abriría muchas puertas, hasta la Corte si había suficiente y si no hablaba, lo denunciaría a la inquisición por hereje.

Juan de Válor terminó de cenar, tiró los restos del conejo, se lavó las manos y con una paciencia infinita comenzó a afilar la cimitarra. Había llegado el momento de su venganza, Torrijos debía morir....
Continuará.
 
(c) Francisco Félix Maldonado Calvache. Diciembre de 2012.


jueves, 20 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

 
 
 
 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La muerte, la caja y la Cofradía de las Ánimas

Hablar de la muerte no es grato para nadie, ni siquiera para los que viven de ella porque conlleva pena, desesperanza, dolor. En los pueblos alrededor de la muerte hay todo un ritual que pasa de generación en generación, de boca en boca, de difunto en difunto. El saber hacer, el saber estar, cómo velar, llorar... y al final enterrar, es todo un ritual que ha ido evolucionando lentamente en el tiempo y ahora los tanatorios han cambiado rápidamente esas costumbres.
Tenemos toda una vida para prepararnos y casi siempre nos coge desprevenidos, sin avisar, sin apenas tiempo para despedirnos. La muerte se lleva lo mejor de nosotros, y lo peor… no hace distinción de clases ni de riquezas, nos quiere a todos por igual. Si somos buenos en vida nos recordarán, si no lo somos nos olvidarán. A todos nos gusta escuchar en boca de otros cumplidos a nuestros antepasados, nos hace sentir aún si cabe más orgullosos ser hijos o nietos de.
Aparejada a la muerte está el luto, palabra que deriva del latín luctus que significa dolor, pena. En mi Alpujarra era riguroso, no se podía hacer nada que manifestase alegría. Por ejemplo, salir en las fiestas estando de luto era impensable o ver la televisión, encender la radio, ni siquiera abrir de par en par las ventanas o puertas de las casas, apenas un poquito, para que sólo quedase una suave penumbra. La vestimenta, de negro riguroso, de pies a cabeza (pañuelo incluido cuanto más atrás viajamos en el tiempo), tampoco dejarse ver mucho por la calle, ya se sabe… las habladurías y el qué dirán importaba demasiado en una sociedad tan aislada como era aquella.
 
Velando

 
 
Una vez le pregunté a mi abuela por qué no vestía de otro color que no fuera el negro, su respuesta fue: “Paco, era una niña cuando murió mi padre, después murió mi hermano, después mi madre, después… en 1969 tu abuelo, he pasado casi toda mi vida vistiendo de negro” y, falleció con 92 años.
La muerte siempre ha sido un buen negocio, ahora para los ayuntamientos y funerarias, siempre para los curas. En 1914 en Benínar por una misa se cobraba 1.60 pesetas y si era de aniversario 2.20 ptas.

El toque de la campana era siniestro, el característico “toque a muerto”. La gente al oírlo salía de casa corriendo calle abajo o arriba, preguntándose unos a otros quién había muerto, dirigiéndose al de la campana que seguro sabía a quién se le dedicaba tan lúgubres toques.
 
 
Campana de la iglesia
 
 
Sobre este tema se puede escribir más pero hoy no toca, sólo os voy a relatar cómo se hacía en Salas Altas un pueblecito de la provincia de Huesca, lo he encontrado ilustrativo y digno de mención:
“El toque combinado de las campanas para anunciar la muerte de un vecino se realizaba en el mismo momento en el que se comunicaba el fallecimiento, y después, al mediodía y/o al atardecer, tras el toque de oración, según la hora en que se hubiese producido. Al día siguiente, lo mismo, tras los toques de oración hasta el momento del entierro. Se iniciaba cuando el párroco iba a la casa del difunto y se continuaba cuando se llevaba al difunto desde su casa a la iglesia y tras la misa, durante el recorrido de la iglesia al cementerio.
Para diferenciar el sexo del fallecido, al finalizar el toque se daban 8 campanadas si el difunto era mujer, y 9 campanadas en el caso de que fuera hombre.
En la misa del primer aniversario del fallecimiento, se tocaba también a muerto, llamado este toque de “cabo de año”. Para diferenciarlo del toque “a muerto”, se suprimían las campanadas finales, y el toque era de menor duración.
Cuando el fallecido era un niño que no había hecho la Primera Comunión, es un toque combinado de las campanas, más rápido que el de muerto y con una diferente combinación de las mismas. No se tocaba en el “cabo de año”.

En Benínar (Almería) había una cofradía llamada de las Ánimas. Una de sus funciones era enterrar con dignidad a los pobres que no podían permitirse el lujo comprar un ataúd. Antaño, cuando alguien fallecía se llamaba al carpintero, tomaba las medidas y le hacía la caja a medida y sin demora, mientras tanto el difunto era adecentado, aseado, amortajado con su mejor ropa, preparado para el comienzo del ritual. Cuando llegaba la caja se sacaba de la cama y se le disponía con solemnidad dentro del ataúd. Lamentos, pésames y rezos eran las palabras y frases más frecuentes dentro de la casa, fuera, en la puerta, los hombres hablaban de cómo iba la cosecha o de lo poco que había llovido ese año. La expresión “vamos de muerto” todavía sigue siendo de uso común.

 

Caja de las ánimas
 
 
La cofradía tenía un ataúd en propiedad en el que se velaba el cadáver, al día siguiente se llevaba al cementerio, lo sacaban, enterraban en la tierra y la caja se guardaba en una habitación del camposanto a la espera de próximo huésped.
Dicha caja no sólo tenía inquilinos en la muerte sino también en vida. Siendo Francisco Sánchez alcalde de Benínar, a tan ilustre caja le salió un pretendiente, se llamaba Juan Sánchez.
A este buen hombre le dio la manía de ir al caer la noche al cementerio, saltar la tapia, cogerla, sacarla y pasearse por las calles del pueblo tirando de ella. Una vez terminada tan ilustre peregrinación regresaba al cementerio, se metía en su interior y se echaba una siestecita.

 
Dos pescadores pasaban al lado del cementerio...


Benínar era el lugar de paso de los pescaderos que subían desde Adra hacia los pueblos de la alta Alpujarra a vender su carga. Una madrugada dos de ellos, montados en sus burros conversaban de forma alegre y animada, al pasar junto a la puerta del cementerio uno de ellos le dijo al otro, “oye, pregúntale a esta gente si quiere pescado”, el otro preguntó “¿Queréis pescado?”. Una cabeza se asomó por encima del muro del cementerio y respondió ¿A cómo lo dais?
El pánico se apoderó de ellos, tanto que a uno le dio un infarto y allí mismo quedó muerto, al lado del camposanto. El otro hizo volar a la burra con tanto brío que en Benínar no se creía que un équido pudiera correr tan rápido.
Esto es historia y así os la he contado.

© Francisco Félix Maldonado Calvache. Diciembre de 2012.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Un día en Fiñana (Almería)

Siguiendo los pasos de Juan Calvache, comerciante de Guadix, llegué a Fiñana donde en 1570 vendió una esclava morisca… No es el comienzo de una novela histórica, el hecho ocurrió en realidad y para conocer la historia hay que visitar los lugares donde sucedieron.
Fiñana es uno de esos pueblos que rezuman historia por los cuatro costados y que el paso de los años los ha hecho venir a menos. Desde la década de los 60 hasta ahora ha perdido la mitad de sus habitantes.
Para ver el pasado glorioso de los pueblos hay que visitar sus monumentos, son el espejo de la opulencia o la pobreza.
 
Fiñana cuenta con una magnífica iglesia, restos de una alcazaba musulmana y una de las pocas mezquitas almohades que existen en España.


Iglesia Nuestra Señora de la Anunciación
 
 

Antigua mezquita almohade
 
 

Fuente pública
 
 

Calle del pueblo
 
 

Alcazaba
 
 

Panorámica
 
 

Ayuntamiento
 
 

Flora "autóctona" del lugar
 
 
 
Vídeo de Fiñana desde sus miradores 



Saludos.

martes, 27 de noviembre de 2012

Un día en Benalúa


Benalúa es un añejo pueblo de la comarca de Guadix (Granada) al que dejaron huérfano de apellido (antes llamado Benalúa de Guadix), algo muy habitual cuando el hermano pequeño crece a la sombra del grande.

A la iglesia, que nació como ermita allá en el siglo XVII, le están arreglando los tejados. Para recaudar dinero el pasado domingo se organizó un arroz popular amenizado con música y baile.
Da gusto ver como se organiza un pueblo para conservar un trozo de su historia, igual que nosotros con la de Hirmes.

 
Iglesia de Benalúa en obras.




Casa de la Juventud en Benalúa.
 
 
 
Preparando el arroz. Escena 1.
 
 
 
Preparando el arroz. Escena 2.
 
 
 
Unas tapillas de chorizo para calentar el cuerpo.
 
 
 
 
Preparando el arroz. Escena 3.
 
 
Masiva asistencia.
 
 
 

Un arroz riquísimo.
 
 
 
A todos nos gustó.
 
 
 
Aquí con el padre Damián y vecinos.
 
 
 
Sorteo de un jamón por el padre José Gabriel.
 
 
 
Vídeo Batuka Benalúa. Grupo Amanecer. Amenizando la comida.
 
 
 
 
(c) Francisco Félix Maldonado Calvache.